lunes, 27 de mayo de 2019

Muere Eduard Punset, el gran divulgador científico



Eduard Punset./Afp
Eduard Punset. / AFP

Exministro y periodista, el investigador catalán acercó la ciencia a los hogares españoles a través del programa de televisión 'Redes'



Álvaro Soto

ÁLVARO SOTOMadrid
Se convirtió gracias a la televisión en el divulgador científico más popular de España, pero también fue ministro, diputado, jurista, escritor, periodista y por encima de todo, un visionario, en el buen sentido de la palabra, capaz de intuir los grandes cambios sociales mucho antes de que se produjeran. Eduard Punset ha fallecido este miércoles en Barcelona a los 82 años, según ha informado su familia. En 2007 se le había diagnosticado un cáncer de pulmón.
Nacido en la capital catalana en 1936, estudió derecho en la Universidad Complutense de Madrid, cursó Ciencias Económicas en Londres y París y a partir de 1962 ejerció el periodismo económico en la BBC y en la revista The Economist. También trabajó como economista en el Fondo Monetario Internacional entre los años 1969 y 1973.
Militante del Partido Comunista durante el franquismo, Punset volvió del exilio para incorporarse en 1973 al Banco Hispano Americano como subdirector general de Planificación y Estudios Económicos y Financieros. De ahí, tras la muerte del dictador, dio el salto a la política nacional y entre 1977 y 1978 fue secretario general técnico del Ministerio de Industria y Energía.
Después formó parte, como consejero de Economía y Finanzas, del Gobierno provisional de la Generalitat encabezado por Josep Tarradellas y fue elegido diputado en las primeras elecciones al Parlament en 1980 por Centristes de Catalunya-UCD. Ejerció como ministro de Relaciones para las Comunidades Europeas entre 1980 y 1981 y fue eurodiputado por el CDS durante siete años, un periodo en el que, como presidente de la delegación del Parlamento para Polonia, supervisó el paso de los países del Este al capitalismo tras la caída del Muro de Berlín.


Sin embargo, su gran reconocimiento público llegó gracias a la televisión. Desde 1996 hasta 2014 presentó en La 2 de Televisión Española 'Redes', el programa que introdujo la ciencia en los hogares españoles. Con una audiencia que empezó siendo testimonial y terminó en unos índices muy altos, el carismático científico con pelo a lo Einstein y un peculiar modo de hablar atrapaba a los espectadores hablándoles del cerebro, los agujeros negros, la evolución humana o los robots.
Eduard Punset también ejerció como profesor de Ciencia, Tecnología y Sociedad en la Facultad de Economía del Institut Químic de Sarrià, adscrito a la Universitat Ramon Llull. Autor de libros superventas, sus títulos más conocidos empezaban por la palabra 'viaje': a la felicidad, a las emociones o a la vida, entre otros. Su hija Elsa, filósofa y escritora experta en inteligencia emocional, continúa su legado literario.
Punset fue también uno de los personajes más parodiados por los programas de humor. El modo en que él mismo se traducía del inglés en sus entrevistas a investigadores fue motivo de bromas que él siempre aceptó. Más difíciles de asumir fueron las críticas que recibió en su última etapa televisiva, en la que abrió el programa a las pseudociencias y a la autoayuda. Científicos de diferentes campos acabaron denunciando la deriva de 'Redes'. Punset también prestó su imagen a anuncios publicitarios de pan, consolas o coches. Políticamente terminó vinculado al secesionismo catalán y reclamó la celebración de un referéndum para la independencia de Cataluña.


Entre sus premios y galardones, destacan la Gran Cruz de la Orden de Carlos III (1981), la Creu de Sant Jordi de la Generalitat (2011), el Premio Ciudad de Alcalá de las Artes y las Letras (2012), el Premio de la Asociación Española de Científicos (2001), el Premio Nacional de Periodismo Digital José Manuel Porquet (2006), el Premio Jaime I de Periodismo (2007) y el Micrófono de Oro (2012).
«A lo largo de toda su vida dedicó su formidable talento y energía a divulgar y compartir ideas y conocimientos, apoyándose en su insaciable curiosidad y su eterno optimismo», le despidieron sus familiares en las redes sociales, el lugar en el que el mundo político y cultural dio su último adiós a Punset. «Eduard Punset dedicó la mayor parte de su vida a enseñar a los demás todo lo que sabía, lo que iba aprendiendo», escribió el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Fue «un extraordinario divulgador científico y un hombre querido por la sociedad española», aseguró, por su parte, el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. «Consiguió que la gente se interesara por temas científicos gracias a su gran capacidad para explicar conceptos complejos con cercanía y carisma», destacó el ministro de Ciencia, Pedro Duque.
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Publicado en Diario SUR.
Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.
Málaga 27 de mayo de 2019.

lunes, 20 de mayo de 2019

Escritos a la desesperada




Escritos a la desesperada

La Biblioteca Nacional de Francia expone textos de autores prestigiosos y anónimos escritos en situaciones críticas como prisión, tortura o duelo

ABRAHAM DE AMÉZAGA PARÍS.
Las palabras se las lleva el viento, mientras que lo escrito perdura. Poco importa el soporte. Lo que realmente cuenta es que el mensaje llegue al destinatario. También las frases redactadas en el mismísimo infierno. O muy cerca. La Biblioteca Nacional de Francia (BNF), en París, ha inaugurado una exposición titulada 'Manuscritos extremos'. Una selección de 150 textos que reivindican el poder de la palabra escrita para hacer frente a la soledad y la desgracia. La reina María Antonieta, Napoleón I y Madame Curie son algunas de las firmas que hicieron frente a sus demonios particulares.
«Escribir es un acto necesario para no dejarse abatir por las situaciones que ponen en peligro nuestra existencia», explica Laurence Le Bras, comisaria de la muestra y conservadora del departamento de manuscritos de la BNF. La exposición se divide en cuatro apartados temáticos: Prisión, Pasión, Peligro y Posesión. «No se trata de ningún recorrido cronológico, histórico o literario, sino del testimonio de seres humanos, ya sean conocidos o no», recalca la experta.

Le Bras impulsó el proyecto al comprobar el valor histórico y emotivo de las misivas y testimonios que atesoran los archivos de la BNF. Entre otros, destacan el borrador del acta de abdicación de Napoleón I; el Libro de Horas de la reina María Antonieta donde escribió '¡Dios mío, apiádate de mí!', a sabiendas de que en breve moriría en la guillotina; y no faltan páginas con un reguero de lágrimas, como las que dejó Marie Curie en una carta fechada en 1906, poco después del fallecimiento de su marido.
También impacta el texto de Auguste Blanqui, socialista libertario y republicano del siglo XIX, pergeñado en prisión con letra minúscula y sin márgenes. No menos sobrecogedor es el que firma otro francés, el escritor Jean Henri Latude. Lo redactó en La Bastilla, con sangre y sobre su propia camisa, porque «los oficiales me niegan tinta y papel». Más líricos pero no menos valientes son los 33 sonetos del hispanista Jean Cassou (1897-1986), concebidos durante su cautiverio en la cárcel militar de Furgole, acusado de formar parte de la Resistencia francesa contra la ocupación nazi.
La exposición estará abierta hasta el 7 de julio y ya se forman largas colas para verla, sobre todo de estudiantes que acuden con sus tutores. Es muy didáctico leer lo que grabó un detenido por la Gestapo, aprovechando un despiste de los guardias, en una silla del cuartel. «Con toda mi corazón a las mujeres y hombres que me han precedido y que me seguirán en esta prisión. Que conserven su fe. Que Dios evite este calvario a mi prometida».
Le Bras tenía material de sobra para montar la muestra y trabajo le costó hacer la selección. «Cada visitante es un mundo y no todo el mundo se fija en lo mismo», señala la comisaria, delante de la vitrina que exhibe el diario del capitán del Ejército francés Alfred Dreyfus, acusado falsamente de alta traición en plena oleada antisemita, a finales del siglo XIX. «Hoy comienzo el diario de mi triste y terrible vida...», arranca el militar de origen judío en la primera página que escribe durante su reclusión en Guyana.
Todos se aferran a la tinta y el papel con desesperación. Es una exposición que da por buena la reflexión del escritor mexicano Carlos Fuentes: «Comencé a escribir para vivir y ahora escribo para no morir».
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Publicado en Diario SUR.
Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.
Málaga 20 de mayo de 2019.














sábado, 11 de mayo de 2019

Joan Margarit, la ética bajo el poema



Joan Margarit, la ética bajo el poema

El autor catalán, que acaba de ganar el Premio Reina Sofía, sustenta su obra sobre una fe inquebrantable en sus lectores, con quienes comparte el desgarro por la muerte de la hija y la oscuridad del final: «Soy demasiado viejo. He de llorar por todos»

ALBERTO GÓMEZ
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Convencido de que la poesía «es la más exacta de las letras en el mismo sentido que las matemáticas son la más exacta de las ciencias», Joan Margarit espanta el misterio para entablar un diálogo directo con sus lectores. Les habla de dolor y dignidad, de frustración y amor. Sin cantos estériles, sin palabras huecas. En este poema muere su hija Joana. En aquel otro renacen sus padres «mudos de tanto odiarse». En ese de allí «la libertad es una librería». Más allá se pregunta «qué puede unirme aún a una ciudad / que veo con su cara maquillada, / como de madre muerta». Escribe para entenderse, pero también para que otros, los destinatarios de esa montaña de versos, reduzcan su nivel de desorden interior. Considera que el autor es el compositor, pero su obra queda incompleta, apenas un grito en el desierto, sin lectores que interpreten la partitura que constituye cada poema. Esa fe inquebrantable en quienes «aprenden a escuchar el orden fundamental de las palabras» sostiene su vocación cumplidos los 81 años. Ahora Margarit recibe el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Él, que desea ver a los reyes «saliendo en tren hacia el exilio».

El jurado destaca al autor catalán como «gran artífice de la poesía como instrumento moral». Entrada la vejez, Margarit confiesa que oscurece y le rodean los muertos: «Puedo oír a lo lejos voces jóvenes / celebrando lo que hoy, / para ellos, aún es la victoria». Nació en un pequeño pueblo de Lleida. Era 1938. Luego, en la posguerra, «los escaparates / tenían un color gris de penuria». Recuerda los golpes que le propinó un señor uniformado «por no hablar en cristiano». Tenía cinco años. Al abrigo áspero de aquella culpa escribió sus primeros poemas en español, antes de iniciar su obra poética en catalán. Acabada la guerra, la familia cambió varias veces de domicilio, desde Figueras hasta Tenerife. Su padre era un soldado republicano a quien conoció cuando salió de la cárcel. Poco tardó en estallar el conflicto generacional: «La ternura te había abandonado: / como el país entero, / te ibas convirtiendo en un fascista».
Estudió Arquitectura, profesión que ejerció hasta su jubilación. Aunque parezcan lejanos, Margarit une ambos oficios mediante un hilo casi invisible, consciente de que un poema se asemeja a la estructura de un edificio único al que no le puede faltar ni sobrar una viga porque «si sacásemos una sola pieza, se desplomaría». Catedrático, formó parte del equipo responsable de calcular las estructuras de las obras de la Sagrada Familia. Así tituló uno de sus libros, 'Cálculo de estructuras': «Ya no viene conmigo esta ciudad: / no me hace compañía, ni tampoco / me protege del viento y de la lluvia». La enfermedad de su hija Joana, que padeció el síndrome de Rubinstein-Taybi, una deficiencia física y psíquica que la obligaba a utilizar muletas y sillas de ruedas, marca muchos de sus poemas. Su muerte zarandeó al autor de 'Se pierde la señal', que escribió entonces una de las elegías más hondas de la literatura española, 'Joana': «Danos, música de oro, unas lágrimas limpias / como la vida que hoy enterraremos».

«Demasiado viejo»

Nada parece serle ajeno a Margarit. Ni el arte, ni las injusticias. Por eso escribe sobre Chet Baker, a quien vio tocar en directo, pero también sobre el Holocausto: «Soy demasiado viejo: he de llorar por todos. / He construido viviendas que son como vagones, / esqueletos de hierro que un día arrastrarán / a la gente a un final que ya imaginan, / porque todos han visto la verdad / un destello en un charco de agua sucia». En 2008 obtuvo el Premio Nacional de Poesía por 'Casa de misericordia'. Ahora es el segundo poeta que, escribiendo en catalán, gana el Reina Sofía. Antes lo hizo Pere Gimferrer. Margarit se considera un escritor bilingüe, aunque no olvida «la amputación del habla» que sufrió durante el franquismo: «Moriré con ese miedo y esa fragilidad en torno a la percepción de mi lengua, que quiere decir, también, de mi vida».
Homenajeado casi cada año, preocupado tan solo de «dejar constancia de lo que se ha sentido en un momento dado», el autor de 'No estaba lejos, no era difícil' recuerda que «un mal poema no es neutral, sino que ensucia el mundo, como una bolsa de basura dejada en la calle», y evita conclusiones y juicios finales: «Ninguno de nosotros contamos mucho, incluso los que parecen contar mucho, pero nos puede salvar lo mismo que, curiosamente, también puede salvar el poema: su honesta intensidad». Su poesía, que ha ido volviéndose más concreta, más rugosa también, desoye a las manidas musas para bajar al barro y fijarse en los semáforos y los bastones, en los hospitales y las escuelas. En las emociones, siempre, aunque bajándolas de su tarima poética y abstracta para convertirlas en una forma de compañía, en un espejo donde los lectores identifiquen sus terrores para arrinconarlos, para recordar, si es preciso, que «la vida se termina como empiezan las obras: / perforar y romper para construir».

Los ojos del retrovisor

Los dos nos hemos ido acostumbrando,
Joana, a que esta lentitud,
cuando, al bajar del coche, apoyas las muletas,
despierte a los cláxones y su insulto abstracto.
Me hace feliz tu compañía,
la sonrisa de un cuerpo tan lejano
de lo que siempre se llamó belleza,
la penosa belleza, tan distante.
La he cambiado por la seducción
de la ternura iluminando el hueco
que la razón dejó en tu rostro.
Y, si me miro en el retrovisor,
veo unos ojos que no reconozco,
pues brilla en ellos el amor dejado
por las miradas, y la luz, la sombra
de todo cuanto he visto,
y la paz que me da tu lentitud,
que está dentro de mí.
Tan grande es su riqueza
que no parecen míos los ojos del espejo.

La libertad

Es la razón de nuestra vida,
dijimos, estudiantes soñadores.
La razón de los viejos, matizamos ahora,
su única y escéptica esperanza.
La libertad es un extraño viaje.
Son las plazas de toros con las sillas
sobre la arena en las primeras elecciones.
Es el peligro que, de madrugada,
nos acecha en el metro,
son los periódicos al fin de la jornada.
La libertad es hacer el amor en los parques.
Es el alba de un día de huelga general.
Es morir libre. Son las guerras médicas.
Las palabras República y Civil.
Un rey saliendo en tren hacia el exilio.
La libertad es una librería.
Ir indocumentado.
Las canciones prohibidas.
Una forma de amor, la libertad.

Saturno

Destrozaste mis libros de poemas.
Los lanzaste después por la ventana.
Las páginas, extrañas mariposas,
planeaban encima de la gente.
No sé si ahora nos entenderíamos,
viejos, exhaustos y decepcionados.
Seguramente no. Mejor dejarlo así.
Querías devorarme. Yo, matarte.
Yo, el hijo que tuviste en plena guerra.

No estaba lejos, no era difícil

Ha llegado este tiempo
cuando ya no hace daño la vida que se pierde,
cuando ya la lujuria es tan sólo
una lámpara inútil, y la envidia se olvida.
Es un tiempo de pérdidas prudentes, necesarias,
y no es un tiempo de llegar
sino de irse. El amor, ahora,
por fin coincide con la inteligencia.
No estaba lejos,
no era difícil. Es un tiempo
que no me deja más que el horizonte
como medida de la soledad.
Un tiempo de tristeza protectora.

Poesía

Tampoco, como Sísifo, yo conozco mi roca.
La subo a lo más alto. Pero cae hasta abajo.
Vuelvo a buscarla, es pesada y áspera.
Aun así la caliento entre mis brazos
mientras vuelvo a subirla a lo más alto.
Es una extraña infelicidad.
Pienso que, todavía más cruel,
es no haber encontrado roca alguna
para subirla así, inútilmente.
Subirla por amor. A lo más alto.
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Publicado en Diario SUR.
Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.
Málaga 11 de mayo de 2019.

sábado, 4 de mayo de 2019

DÍA MUNDIAL DE LA LIBERTAD DE PRENSA ¿DE QUÉ?

Lo que llamamos «lo políticamente correcto» es una de las ataduras más finas para no ser libres a la hora de opinar o de informar

Día Mundial de la Libertad de Prensa ¿de qué?
RAFAEL SALAS GALLEGOPresidente de la Asociación de la Prensa y del Colegio de Periodistas en Málaga
Hoy conmemora la comunidad internacional una quimera. Hoy, 3 de mayo, no debería ser un día para celebrar nada que tenga que ver con la libertad de prensa o la libertad de expresión, porque no hay nada que celebrar. Cuando, como dice el periodista David Jiménez», el poder ha dejado de temer a la prensa y ahora es la prensa la que teme al poder» o cuando España y los países de su entorno van bajando puestos, de dos en dos, cada año en el 'ranking' mundial que mide los niveles de libertad de expresión y de prensa, no deberíamos conmemorar nada. Acaso hoy debería ser un día exclusivamente para denunciar que la prensa en nuestro mundo democrático es cada día menos libre, más controlada por los diferentes poderes que realmente mandan donde los periodistas son las víctimas propiciatorias de un sistema que ha llegado a tocar mínimos históricos desde que se instauró la democracia en este país.
Porque cuando las grandes empresas utilizan su publicidad y su dinero para presionar a medios y periodistas y el poder político y administrativo utiliza la publicidad institucional para presionar a empresas periodísticas que a su vez repercuten la presión en el reportero, no le podemos venir a contar a la ciudadanía milongas sobre la libertad de prensa. Los que ejercimos el periodismo con el franquismo sabemos que aquello era una dictadura y sabíamos a qué atenernos: esto no se publica y esto sí, porque de lo contrario nos cerraban el periódico o nos metían en la cárcel. Pero ahora, con niveles supuestos de libertad en todos los sentidos que no tienen nada que ver con entonces, el axioma sigue siendo el mismo: esto se puede publicar y esto no, porque de lo contrario nos van a hundir el periódico y tú te vas a ir a la calle. Analogías de ayer y ahora. Lo terrible es que las amenazas de ahora son más sutiles, menos visibles, menos gruesas y se pueden enmascarar y disfrazar mejor.
En Estados Unidos un juez ha mandado a la cárcel a un periodista por negarse a testificar en el caso wikileaks, al que le exigía la revelación del secreto profesional. En Australia la fiscalía amenaza con penas de prisión a un centenar de medios si informan de las tropelías pederastas del Cardenal Pell. En Rusia el Parlamento aprueba el castigo penal a los periodistas que falten al respeto al Estado ¿..? Y después de ejemplos como estos, Reporteros Sin Fronteras en su informe anual del año pasado alerta sobre la expansión generalizada del odio al periodista, como si los periodistas decidieran los contenidos y las agendas de los medios.
Lo que llamamos «lo políticamente correcto» es una de las ataduras más finas para no ser libres a la hora de opinar o de informar, so pena de verte fuera del establishment , lo que es lo mismo que quedar fuera de los círculos de poder , de los grupos de influencia y para los periodistas del mercado laboral. Atreverse hoy –como en cualquier momento histórico– a ir contra esos poderes tiene un coste altísimo en el puesto de trabajo para el profesional, en el ámbito financiero para la empresa periodística o en cuotas insoportables de silencio olvido y desafección para cualquier ciudadano que a se atreva a discrepar del «pensamiento único».
La aventura de la discrepancia tiene efectos colaterales insoportables para quien quiere ser escuchado. Ese aislamiento empuja a utilizar nuevos medios minoritarios y marginales que no llegan al gran público pero que atomizan aún más el mercado de la información.
En estos momentos, cuando apenas hemos consumido cuatro meses del año 2019, ya van seis periodistas asesinados en el mundo y más de 350 encarcelados y en 2018 fueron 80 los asesinados. El periodismo es la profesión con más asesinatos y la más peligrosa del mundo. Le siguen los abogados con 31 el año pasado. A los periodistas los matan los yihadistas, las dictaduras de derechas y de izquierdas, los paramilitares de todos los bandos, las mafias económicas, el mundo de la corrupción. Y en las democracias occidentales hay muchos menos asesinatos pero hay una ingente cantidad invisible de periodistas borrados del mapa que fueron al paro y al olvido por atreverse, por un momento, a intentar informar libremente y otros porque su empresa gestionó mal y luego les hizo a ellos pagar los platos rotos. A ellos, y especialmente a los periodistas recientemente despedidos en un periódico local, quiero hoy rendirles mi homenaje y solidaridad particular.
Moralmente no tenemos hoy derecho a celebrar ni a conmemorar nada. El periodismo, dicen, es una de las profesiones más bonitas del mundo y lo es. No quepa la menor duda, si no sería imposible la legión anónima de periodistas que cumplen sagradamente su trabajo por encima de todas las presiones, que intentan sortear con la inteligencia, el tesón y la profesionalidad los límites que ciertos entornos le ponen. A veces lo consiguen y a veces no. Pero por ellos y por los medios que también sufren las presiones, las persecuciones, y que hacen encajes de bolillos para sobrevivir y dar ejemplo de que esta libertad es posible o al menos un alto nivel de ella, va también nuestro homenaje y nuestro respeto. Hoy debería ser su día internacional.
Siempre he dicho y hoy he de decirlo de nuevo, alto y claro, que la Libertad de Prensa no es solo cuestión de los periodistas sino también de los ciudadanos, porque cuando falta, la primera víctima es la ciudadanía en toda su amplitud. Un pueblo bien informado es un pueblo libre, pero un pueblo manipulado y mal informado es un pueblo esclavo.
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Publicado en Diario SUR.
Copiado de Internet por Victoriano Orts Cobos.
Málaga 4 de mayo de 2019.