domingo, 9 de agosto de 2009

XIX LA GÉANTE—

Du temps que la Nature en sa verve puissante
Concevait chaque jour des enfants monstrueux,
J’eusse aimé vivre auprès d’une jeune géante,
Comme aux pieds d’une reine un chat voluptueux.

J’eusse aimé voir son corps fleurir avec son âme
Et grandir librement dans ses terribles jeux,
Deviner si son cœur couve une sombre flamme
Aux humides brouillards qui nagent dans ses yeux,

Parcourir à loisir ses magnifiques formes,
Ramper sur le versant de ses genoux énormes,
Et parfois en été, quand les soleils malsains,

Lasse, la font s’étendre à travers la campagne,
Dormir nonchalamment à l’ombre de ses seins,
Comme un hameau paisible au pied d’une montagne.

Charles Baudelaire.
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¡Lo que nos perdemos por no saber idiomas!

V.Orts Cobos.


—
LA GIGANTA

Antaño, cuando la Naturaleza en su impulso pujante
diariamente concebía criaturas monstruosas,
yo hubiese querido vivir con una giganta joven,
igual que un gato voluptuoso a los pies de una reina.

Me hubiera gustado ver cómo florecía su cuerpo
junto a su alma y así libre crecer en terribles juegos;
y adivinar si su corazón incubaba sombrías llamas
en las tinieblas húmedas de sus ojos;

hubiese querido recorrer tan magníficas formas,
trepar por las vertientes de sus rotundas rodillas,
y también, en estío, cuando malsanos soles

la obligaban a tumbarse, cansada, en el campo,
me hubiera gustado dormirme apaciblemente
a la sombra de sus senos,
dormir como una aldea tranquila al pie de una montaña.


CHARLES BAUDELAIRE.

miércoles, 15 de julio de 2009

ESTIVAL---- Rubén Darío.
I
La tigre de Bengala
con su lustrosa piel manchada a trechos,
está alegre y gentil, está de gala.
Salta de los repechos
de un ribazo, al tupido
carrizal de un bambú; luego a la roca
que se yergue a la entrada de su gruta.
Allí lanza un rugido,
se agita como loca
y eriza de placer su piel hirsuta.

La fiera virgen ama.
Es el mes del ardor. Parece el suelo
rescoldo; y en el cielo
el sol inmensa llama.
Por el ramaje oscuro
salta huyendo el kanguro.
El boa se infla, duerme, se calienta
a la tórrida lumbre;
el pájaro se sienta
a reposar sobre la verde cumbre.

Siéntense vahos de horno:
y la selva indiana
en alas del bochorno,
lanza, bajo el sereno
cielo, un soplo de sí. La tigre ufana
respira a pulmón lleno,
y al verse hermosa, altiva, soberana,
le late el corazón, se le hincha el seno.

Contempla su gran zarpa, en ella la uña
de marfil; luego toca,
el filo de una roca,
y prueba y lo rasguña.
Mírase luego el flanco
que azota con el rabo puntiagudo
de color negro y blanco,
y móvil y felpudo;
luego el vientre. En seguida
abre las anchas fauces, altanera
como reina que exige vasallaje;
después husmea, busca, va. La fiera
exhala algo a manera
de un suspiro salvaje.
Un rugido callado
escuchó. Con presteza
volvió la vista de uno a otro lado.
Y chispeó su ojo verde y dilatado
cuando miró de un tigre la cabeza
surgir sobre la cima de un collado.
El tigre se acercaba.
---------------------------------Era muy bello.
Gigantesca la talla, el pelo fino,
apretado el ijar, robusto el cuello,
era un don Juan felino
en el bosque. Anda a trancos
callados; ve a la tigre inquieta, sola,
y le muestra los blancos
dientes; y luego arbola
con donaire la cola.
Al caminar se vía
su cuerpo ondear, con garbo y bizarría.
Se miraban los músculos hinchados
debajo de la piel. Y se diría
ser aquella alimaña
un rudo gladiador de la montaña.
Los pelos erizados
del labio relamía. Cuando andaba,
con su peso chafaba
la yerba verde y muelle,
y el ruido de su aliento semejaba
el resollar de un fuelle.
Él es, él es el rey. Cetro de oro
no, sino la ancha garra,
que se hinca recia en el testuz del toro
y las carnes desgarra.
La negra águila enorme, de pupilas
de fuego y corvo pico relumbrante,
tiene a Aquilón: las hondas y tranquilas
aguas, el gran caimán; el elefante,
la cañada y la estepa;
la víbora, los juncos por do trepa;
y su caliente nido,
del árbol suspendido,
el ave dulce y tierna
que ama la primer luz.
----------------------------------Él la caverna.
No envidia al león la crin, ni al potro rudo
el casco, ni al membrudo
hipopótamo el lomo corpulento,
quien bajo los ramajes de copudo
baobab, ruge al viento.

Así va el orgulloso, llega, halaga;
corresponde la tigre que le espera,
y con caricias las caricias paga,
en su salvaje ardor, la carnicera.

Después, el misterioso
tacto, las impulsivas
fuerzas que arrastran con poder pasmoso;
y, ¡oh gran Pan! el idilio monstruoso
bajo las vastas selvas primitivas.

No el de las musas de las blandas horas
suaves, expresivas,
en las rientes auroras
y las azules noches pensativas;
sino el que todo enciende, anima, exalta,
polen, savia, calor, nervio, corteza,
y en torrentes de vida brota y salta
del seno de la gran Naturaleza.

II
El príncipe de Gales va de caza
por bosques y por cerros,
con su gran servidumbre y con sus perros
de la más fina raza.

Acallando el tropel de los vasallos,
deteniendo traíllas y caballos,
con la mirada inquieta,
contempla a los dos tigres, de la gruta
a la entrada. Requiere la escopeta,
y avanza, y no se inmuta.

Las fieras se acarician. No han oído
tropel de cazadores.
A esos terribles seres,
embriagados de amores,
con cadenas de flores
se les hubiera uncido
a la nevada concha de Citeres
o al carro de Cupido.

El príncipe atrevido,
adelanta, se acerca, ya se para;
ya apunta y cierra un ojo; ya dispara;
ya del arma el estruendo
por el espeso bosque ha resonado.
El tigre sale huyendo,
y la hembra queda, el vientre desgarrado.
¡Oh, va a morir!... Pero antes, débil, yerta,
chorreando sangre por la herida abierta,
con ojo dolorido
miró a aquel cazador, lanzó un gemido
como un ¡ay! de mujer... y cayó muerta.

III
Aquel macho que huyó, bravo y zahareño
a los rayos ardientes
del sol, en su cubil después dormía.
Entonces tuvo un sueño:
que enterraba las garras y los dientes
en vientres sonrosados
y pechos de mujer; y que engullía
por postres delicados
de comidas y cenas,
como tigre goloso entre golosos,
unas cuantas docenas
de niño tiernos, rubios y sabrosos.

Rubén Darío, 1887

lunes, 13 de julio de 2009

JUGANDO CON
LAS SÍLABAS
Y LA MÉTRICA.
(DOS)

----------YO----------
----------SÉ----------
Yo sé---QUE--no sé,
----------NO----------
----------SÉ,----------

----------SI----------
----------SE----------
si se------VA-----o fue,
--------- O -----------
----------FUE,--------

----------LO----------
----------QUE--------
lo que---SÍ-----es fe,
----------ES---------
----------FE,---------

----------ES----------
----------QUE-------
es que---SI----se fue,
----------SE----------
----------FUE,--------

----------YO----------
----------NO----------
yo no---SÉ-por qué.
----------POR---------
----------QUÉ.--------
**********
Victoriano Orts Cobos.
(Re)visado el día 16 de septiembre de 2016.

sábado, 11 de julio de 2009

UNO. JUGANDO CON LAS SÍLABAS

 UNO.
JUGANDO CON
 LAS SÍLABAS
Y LA MÉTRICA

----------YO----------
----------SÉ----------
Yo sé--QUE--no sé,
----------NO----------
----------SÉ,----------

----------SI-----------
----------SE----------
si se-----VA----o no,
-----------O------------
-----------NO,----------

-----------LO-----------
---------QUE---------
lo que---SÍ-----es fe,
----------ES----------
----------FE,---------

----------ES----------
---------QUE--------
es que---SI----se va,
----------SE----------
----------VA,---------

----------YO----------
----------NO----------
yo no-----SÉ--por qué.
------------POR----------
------------QUÉ.---------
**********
Victoriano Orts Cobos.
(Re)visado el día 16 de septiembre de 2016.








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lunes, 29 de junio de 2009

PURIFICACIÓN CORPORAL

Cada mañana, al tiempo que el sol 
siembra su fulgor a la vida,
asomo mis tinieblas
a la ventana opaca de mi rostro
y aparece ante mí un campo plagado
de espinas y rastrojos.

¡Campo reseco y frío!
¡Tierra yerma y agostada;
sin deseo por la lluvia;
falta de fe en la luz!
¡Triste otoño muriente;
negado a rebrotar!

A golpe de hoz comienzo su desbroce.
Van cayendo rastrojos con espinas
al tiempo que remuevo con mi arado
la corteza reseca de mi tierra.

Acabado el ritual, cierro los ojos.
Refresco mi erial con gotas de lluvia
controlada y perfume de otro campo;
paso mis manos secas por mi tierra
y, por instantes, surge el despertar;
la sensación de fe en un campo joven,
transparente por la luz se refleja
en la ventana limpia de mi rostro.

¡Campo florido tierno y perfumado
de mi cuerpo!

¿Dónde será la hoz? ¿Dónde la guadaña?
¿Dónde el agua y el perfume que destierren
por siempre las espinas y rastrojos
del campo seco, duro, imperfumado
de mi alma?
**********
Victoriano Orts Cobos.
(Re)visado el día 18 de septiembre de 2016.

domingo, 28 de junio de 2009

VINO, PRIMERO, PURA

Vino, primero, pura,
vestida de inocencia;
y la amé como un niño.

Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes;
y la fui odiando, sin saberlo.

Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

…Más se fue desnudando.
Y yo le sonreía.

Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.

Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…
¡Oh pasión de mi vida, poesía
Desnuda, mía para siempre!

CON LA INMENSA MINORÍA
(Seg. Ant.)
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ.