martes, 13 de octubre de 2009

TU DOLOR ES MI DOLOR

TU DOLOR ES MI DOLOR

A Iti.
...Y aquí seguimos. De nuevo en nuestra senda.
Mirando al frente. Caminando juntos.
Una tormenta negra de dolor y nieve transformó
nuestra primavera en duro invierno.
El Gran Estratega, en su mayor aburrimiento
y maldad, no tuvo otra ocurrencia mejor que la de
trastornar nuestra laboriosa y pacífica existencia,
obligándonos a recluirnos en nuestro cuartel
de invierno.
¡Qué satisfecho debió sentirse de su odisea!
Sorprendidos en principio, reaccionamos con
prontitud arropados por una fiel inmensa
minoría, poniendo en práctica nuestra
rudimentaria defensa.
La única posibilidad de victoria era cogerlo
distraído y atacar esperando que ante su
Infinita Superioridad se hubiese confiado.
Y así fue. Lo sorprendimos embriagado en
su grandeza, y, lo derrotamos dejándolo
sumido en el mayor de los ridículos.
(Es evidente que la prepotencia puede hasta
con los Dioses).
Liberados de nuevo, y conscientes de que la
guerra la perdimos al nacer, nuestro deber
es hacerle difícil las batallas. Mientras nos
queden fuerzas debemos seguir luchando
sin rendirnos. Caminando firmes hacia
El Más Allá, o Hacia La Nada.
¡Juntos! Cogidos de la mano y del corazón.
Compañera del alma, compañera.
**********
Victoriano Orts Cobos.
(Re)visado el día 16 de septiembre de 2016.






sábado, 15 de agosto de 2009

MUJER DE MORAS

SALVADOR RUEDA

Mi huerto está cercado de tapiales;
las miradas se estrellan en sus muros;
tú y yo, en el seno del vergel frondoso,
vestido de orientales limoneros
y de parras, que al sol se engarabitan,
gozamos del amor, como gozaban
los sanos seres al nacer el mundo.
Los besos que en las ascuas de tus labios,
amapolas que ríen forma ardiendo
el fermentar de tu temprana sangre,
son para mí; los que en mi boca tejen
los glóbulos hirvientes de mis venas,
para ti sola son; cambio de besos,
cambio de afanosísimas miradas
profusas de pistilos, cambio loco
de espirales formadas por abrazos,
ávidamente nuestros goces colman;
y tu cuerpo, que tiembla como lira
de humanas cuerdas, al quedar templada
al mismo son que el arpa de mi cuerpo
rotundo y varonil, las dos entonan
el mismo canto con los mismos sones,
con idénticos músculos arterias,
y forman del amor la melodía,
que oyen los solitarios ruiseñores.
Calquemos ambas liras, mientras haya
salud que en nuestros vasos se acumule;
no la salud endeble que congela
las razas tristes; la que corre y brinca
por el recio organismo, cual de fuente
salta al amplio raudar de ondas veloces.
Calquemos ambas liras, que sobrado
tiempo tendrán las manos de los viles
para arrojar de nuestras sienes áticas,
desbaratadas, las triunfales rosas.
He andado por las cercas de verdura
que despiden olor a mes de agosto,
buscando moras para ti. En las hebras
de cenacho andaluz, que, recubierto
de anchas hojas de higuera goteantes,
llevé pendiente de mi brazo ansioso,
como oscilante nido de oropéndola,
iba echando las moras empapadas
de zumo como púrpura. Los tallos
enfimbriados de púas, defendían
lejos, a veces, el redondo fruto,
cual si lo hurtaran a mi afán; entonces,
mi cuerpo se internaba en la confusa
y agresiva madeja; entre sus garras
se hundía el pie valiente, y, ya cogida
por millares de dientes mi piel fosca,
arrancaba las moras una a una,
a costa de un sangriento tatuaje.
Por los trájicos látigos herido,
mira mi cuerpo; roja geografía
dibujó entre su vello el injurioso
zarzal, monstruo compuesto de tentáculos;
a mordisco por mora granulada,
sentí, en vez de dolor, placer divino,
al decorar, por ti, mi cuerpo todo
de cruces victoriosas, de trofeos,
de lauros y de insignias triunfadoras,
que rindo ante tus pies, como bandera
hecha trizas en medio del combate.
Ahora contemplo tu figura blanca,
desprovista de túnica enfadosa,
y, mientras que los grupos de los pámpanos
del parral que nos cubren tu piel visten
de sombras y de sol que tu piel recaman
de un tropel de murciélagos errantes
y un tropel de libélulas de oro,
quiero ir echando entre tus labios frescos
una a una las moras regaladas,
para ver si es su tinta más sangrienta
que el clavel incendiario de tu boca.
Tu soberbia escultura de alabastro
yace muda ante mí; sus pies desnudos,
de un ágata rosado, se entrelazan
por el fresco marfil de los tobillos,
como si dos palomas se abrochasen
en la fugitiva cópula. Dos ánforas
de senos alargados asemejan
los trozos de columnas comprendidos
entre los nudos de la caña airosa
y la rosa carnal de la rodilla.
Los fémures gallardos que se ajustan
a la rótula espléndida, y acaban
junto al dintel rosado del misterio,
parecen de un antiguo intercolumnio
dos fragmentos sagrados. Las caderas,
cual dos arcos de triunfo, se combinan
para formar de un corazón la punta,
donde la hebrosa luz se encrespa en rizos.
La cintura, de arranque de maceta,
sube a expirar en donde el ara doble
del seno alzado, como en doble misa,
eleva, en dos relieves virginales
hostia doble de amor y de hermosura.
Encima está tu cuello, que es la gloria;
y encima está tu cara, el paraíso.
Fija me observas, con rientes labios,
que se abren cual fresquísima granada,
y me suplicas que al azar, arroje
entre la doble guarnición de perlas
que pone cerco a tu abrileña boca,
las moras codiciadas que te brindo,
chorreantes de jugos y de olores.
Principio; y, para que entren retozando
en el capullo rojo con que besas,
ríe y despliega como copa de oro
la carne de tus labios carmesíes.
Arrojo al aire un fruto purpurado,
mas no entra en el anillo de tu boca,
sino que rueda, y deja en tu garganta
una cinta de fuego. Echo otra fruta
a tus labios rientes; tú los abres,
cual si fueses a coger, mas yerra
el rojo proyectil, y, resbalando,
baja desde tu barba a tus dos senos,
por donde traza círculos de anguila,
dejándote una exótica escritura,
con raras letras de color de llamas.
Otra mora te lanzo y la aprisionas,
al claro son de carcajada alegre.
Otra te arrojo, pero pega un brinco
de tu barba a tu pecho, y se encamina
hacia el bache precioso que decora
el estómago armónico, parándose
sobre el botón de nácar sonrosado,
y parece rubí grande y redondo
sobre una fruta de incitante fresa.
Lanzo otra mora en el ambiente cálido,
y, de carmín manchando tu mejilla,
desciende por los senos, que rodea
lentamente, listándolos de púrpura,
y, ligera, por fin se precipita
entre tus muslos plenos de turgencias,
yendo a esconderse entre las áureos hilos
que ponen al secreto de tu forma
palio lujoso de rodantes bucles.
Otra y otra te arrojo, y muchas luego,
que enriquecen tus líneas de festones,
de cintas carminosas, de veredas,
de enlaces, y de tramas, y de cruces,
hasta que quedas inundada en fruto,
como moral de un huerto valenciano.
Y cuando ya de moras revestidos
se ven tus pies, tus manos, tu garganta,
tu cintura, tus hombros, tus cabellos,
las coyunturas de tus frescos brazos,
los puntos todos de tu carne blanca,
los hoyuelos que forman tus mejillas,
temblando de pasión, con labios ebrios,
las voy quitando de tu nácar vivo,
y las meto en el nido de tu boca.
A cada mora que te doy , un beso
hago crujir entre tus dientes nítidos;
mis labios, como pinzas abrasadas,
cogen los rojos gránulos, y buscan
tu boca de clavel para dejarlos,
como rubíes en en gentil joyero.
Y en el ir y venir con que te rozan
en la sensible piel mis labios locos
acarreando el fruto purpurino
desde todo tu cuerpo hasta tu boca,
tu pecho se infla de emoción tremenda,
mi pecho tiembla como roja llama,
y, en un abrazo agotador, inmenso,
nos fundimos, cual dos enredaderas,
como dos retorcidas espirales,
hasta que muerden la postrera mora
nuestras dos bocas juntas y apretadas,
tú mirando a los cielos, y yo, viendo
lo que en ellos palpita, nubes, nidos,
ramas floridas, pájaros y luces,
mas viéndolos latir, puesto hacia abajo
sobre el doble zafiro de tus ojos...

SALVADOR RUEDA.

domingo, 9 de agosto de 2009

XIX LA GÉANTE—

Du temps que la Nature en sa verve puissante
Concevait chaque jour des enfants monstrueux,
J’eusse aimé vivre auprès d’une jeune géante,
Comme aux pieds d’une reine un chat voluptueux.

J’eusse aimé voir son corps fleurir avec son âme
Et grandir librement dans ses terribles jeux,
Deviner si son cœur couve une sombre flamme
Aux humides brouillards qui nagent dans ses yeux,

Parcourir à loisir ses magnifiques formes,
Ramper sur le versant de ses genoux énormes,
Et parfois en été, quand les soleils malsains,

Lasse, la font s’étendre à travers la campagne,
Dormir nonchalamment à l’ombre de ses seins,
Comme un hameau paisible au pied d’une montagne.

Charles Baudelaire.
------------------------------------------------------------------

¡Lo que nos perdemos por no saber idiomas!

V.Orts Cobos.


—
LA GIGANTA

Antaño, cuando la Naturaleza en su impulso pujante
diariamente concebía criaturas monstruosas,
yo hubiese querido vivir con una giganta joven,
igual que un gato voluptuoso a los pies de una reina.

Me hubiera gustado ver cómo florecía su cuerpo
junto a su alma y así libre crecer en terribles juegos;
y adivinar si su corazón incubaba sombrías llamas
en las tinieblas húmedas de sus ojos;

hubiese querido recorrer tan magníficas formas,
trepar por las vertientes de sus rotundas rodillas,
y también, en estío, cuando malsanos soles

la obligaban a tumbarse, cansada, en el campo,
me hubiera gustado dormirme apaciblemente
a la sombra de sus senos,
dormir como una aldea tranquila al pie de una montaña.


CHARLES BAUDELAIRE.

miércoles, 15 de julio de 2009

ESTIVAL---- Rubén Darío.
I
La tigre de Bengala
con su lustrosa piel manchada a trechos,
está alegre y gentil, está de gala.
Salta de los repechos
de un ribazo, al tupido
carrizal de un bambú; luego a la roca
que se yergue a la entrada de su gruta.
Allí lanza un rugido,
se agita como loca
y eriza de placer su piel hirsuta.

La fiera virgen ama.
Es el mes del ardor. Parece el suelo
rescoldo; y en el cielo
el sol inmensa llama.
Por el ramaje oscuro
salta huyendo el kanguro.
El boa se infla, duerme, se calienta
a la tórrida lumbre;
el pájaro se sienta
a reposar sobre la verde cumbre.

Siéntense vahos de horno:
y la selva indiana
en alas del bochorno,
lanza, bajo el sereno
cielo, un soplo de sí. La tigre ufana
respira a pulmón lleno,
y al verse hermosa, altiva, soberana,
le late el corazón, se le hincha el seno.

Contempla su gran zarpa, en ella la uña
de marfil; luego toca,
el filo de una roca,
y prueba y lo rasguña.
Mírase luego el flanco
que azota con el rabo puntiagudo
de color negro y blanco,
y móvil y felpudo;
luego el vientre. En seguida
abre las anchas fauces, altanera
como reina que exige vasallaje;
después husmea, busca, va. La fiera
exhala algo a manera
de un suspiro salvaje.
Un rugido callado
escuchó. Con presteza
volvió la vista de uno a otro lado.
Y chispeó su ojo verde y dilatado
cuando miró de un tigre la cabeza
surgir sobre la cima de un collado.
El tigre se acercaba.
---------------------------------Era muy bello.
Gigantesca la talla, el pelo fino,
apretado el ijar, robusto el cuello,
era un don Juan felino
en el bosque. Anda a trancos
callados; ve a la tigre inquieta, sola,
y le muestra los blancos
dientes; y luego arbola
con donaire la cola.
Al caminar se vía
su cuerpo ondear, con garbo y bizarría.
Se miraban los músculos hinchados
debajo de la piel. Y se diría
ser aquella alimaña
un rudo gladiador de la montaña.
Los pelos erizados
del labio relamía. Cuando andaba,
con su peso chafaba
la yerba verde y muelle,
y el ruido de su aliento semejaba
el resollar de un fuelle.
Él es, él es el rey. Cetro de oro
no, sino la ancha garra,
que se hinca recia en el testuz del toro
y las carnes desgarra.
La negra águila enorme, de pupilas
de fuego y corvo pico relumbrante,
tiene a Aquilón: las hondas y tranquilas
aguas, el gran caimán; el elefante,
la cañada y la estepa;
la víbora, los juncos por do trepa;
y su caliente nido,
del árbol suspendido,
el ave dulce y tierna
que ama la primer luz.
----------------------------------Él la caverna.
No envidia al león la crin, ni al potro rudo
el casco, ni al membrudo
hipopótamo el lomo corpulento,
quien bajo los ramajes de copudo
baobab, ruge al viento.

Así va el orgulloso, llega, halaga;
corresponde la tigre que le espera,
y con caricias las caricias paga,
en su salvaje ardor, la carnicera.

Después, el misterioso
tacto, las impulsivas
fuerzas que arrastran con poder pasmoso;
y, ¡oh gran Pan! el idilio monstruoso
bajo las vastas selvas primitivas.

No el de las musas de las blandas horas
suaves, expresivas,
en las rientes auroras
y las azules noches pensativas;
sino el que todo enciende, anima, exalta,
polen, savia, calor, nervio, corteza,
y en torrentes de vida brota y salta
del seno de la gran Naturaleza.

II
El príncipe de Gales va de caza
por bosques y por cerros,
con su gran servidumbre y con sus perros
de la más fina raza.

Acallando el tropel de los vasallos,
deteniendo traíllas y caballos,
con la mirada inquieta,
contempla a los dos tigres, de la gruta
a la entrada. Requiere la escopeta,
y avanza, y no se inmuta.

Las fieras se acarician. No han oído
tropel de cazadores.
A esos terribles seres,
embriagados de amores,
con cadenas de flores
se les hubiera uncido
a la nevada concha de Citeres
o al carro de Cupido.

El príncipe atrevido,
adelanta, se acerca, ya se para;
ya apunta y cierra un ojo; ya dispara;
ya del arma el estruendo
por el espeso bosque ha resonado.
El tigre sale huyendo,
y la hembra queda, el vientre desgarrado.
¡Oh, va a morir!... Pero antes, débil, yerta,
chorreando sangre por la herida abierta,
con ojo dolorido
miró a aquel cazador, lanzó un gemido
como un ¡ay! de mujer... y cayó muerta.

III
Aquel macho que huyó, bravo y zahareño
a los rayos ardientes
del sol, en su cubil después dormía.
Entonces tuvo un sueño:
que enterraba las garras y los dientes
en vientres sonrosados
y pechos de mujer; y que engullía
por postres delicados
de comidas y cenas,
como tigre goloso entre golosos,
unas cuantas docenas
de niño tiernos, rubios y sabrosos.

Rubén Darío, 1887

lunes, 13 de julio de 2009

JUGANDO CON
LAS SÍLABAS
Y LA MÉTRICA.
(DOS)

----------YO----------
----------SÉ----------
Yo sé---QUE--no sé,
----------NO----------
----------SÉ,----------

----------SI----------
----------SE----------
si se------VA-----o fue,
--------- O -----------
----------FUE,--------

----------LO----------
----------QUE--------
lo que---SÍ-----es fe,
----------ES---------
----------FE,---------

----------ES----------
----------QUE-------
es que---SI----se fue,
----------SE----------
----------FUE,--------

----------YO----------
----------NO----------
yo no---SÉ-por qué.
----------POR---------
----------QUÉ.--------
**********
Victoriano Orts Cobos.
(Re)visado el día 16 de septiembre de 2016.

sábado, 11 de julio de 2009

UNO. JUGANDO CON LAS SÍLABAS

 UNO.
JUGANDO CON
 LAS SÍLABAS
Y LA MÉTRICA

----------YO----------
----------SÉ----------
Yo sé--QUE--no sé,
----------NO----------
----------SÉ,----------

----------SI-----------
----------SE----------
si se-----VA----o no,
-----------O------------
-----------NO,----------

-----------LO-----------
---------QUE---------
lo que---SÍ-----es fe,
----------ES----------
----------FE,---------

----------ES----------
---------QUE--------
es que---SI----se va,
----------SE----------
----------VA,---------

----------YO----------
----------NO----------
yo no-----SÉ--por qué.
------------POR----------
------------QUÉ.---------
**********
Victoriano Orts Cobos.
(Re)visado el día 16 de septiembre de 2016.








<