domingo, 20 de septiembre de 2020

Querrido y despreciado Benedetti

 

Querido y despreciado Benedetti

Benedetti, durante una entrevista en 2005. /
Benedetti, durante una entrevista en 2005.

Sus lectores se cuentan por millones, pero el autor uruguayo arrastró hasta su muerte la etiqueta elitista de escritor menor. Nunca le importó; su mirada huyó de los adornos para reparar en la gente corriente, un ejemplo de sencillez que le valió el cariño del público

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Comenzó a trabajar a los catorce años para ayudar a su familia. Pasó por una empresa de repuestos para coches y una inmobiliaria. Fue recadero, taquígrafo y funcionario. Tuvo que pagarse la publicación de sus primeros libros y a menudo necesitó la ayuda de colegas y familiares para llegar a fin de mes. Por eso Mario Benedetti nunca despegó los pies del suelo, aunque sus lectores acabaran contándose por millones, aunque sus poemas fuesen recitados y cantados por todo el mundo. El poeta uruguayo, uno de los autores más populares de la literatura universal, arrastró hasta su muerte la consideración de escritor menor pese a su tirón de masas, la ingratitud de quienes accedieron a la poesía a través de su obra y luego renegaron de él, cegados por descubrimientos más hondos, tal vez menos honestos. Porque en Benedetti apenas hay adornos; sus poemas son sencillos y directos, libres en la forma y sinceros en el fondo. Nunca le interesó la grandeza. Su mirada reparaba casi siempre en la heroicidad más rutinaria, en los trabajadores que pasan el año ahorrando para irse de vacaciones, en los perdedores, en la gente decente.

Empezó pronto a escribir, pero no conoció cierto éxito hasta 'Poemas de la oficina', editado en 1956, cuando tenía 36 años. El público se identificó con sus composiciones de amor («Es una lástima que no estés conmigo / cuando miro el reloj y son las cuatro / y acabo la planilla y pienso diez minutos / y estiro las piernas como todas las tardes») pero también con los poemas, infrecuentes en aquella época, sobre la ansiedad laboral («Es raro que uno tenga tiempo de verse triste: / siempre suena una orden, un teléfono, un timbre») y las desigualdades («Jefe, / usted está aburrido, / aburrido de veras»). El golpe de Estado que impuso una dictadura militar en Uruguay en 1973 quebró la biografía de Benedetti, que ya había participado en movimientos políticos de izquierdas. Dejó su cargo en la Universidad de la República, donde dirigía el departamento de literatura hispana en la Facultad de Humanidades, y huyó de Montevideo. No regresó a su país hasta 1985, cuando se disolvió el régimen.

Abrazó la revolución liderada por Fidel Castro en Cuba, donde permaneció varios años durante su exilio. A diferencia de algunos compañeros de generación, que terminaron criticando su deriva autoritaria, Benedetti siempre mantuvo su apoyo al régimen, defensa que apenas le pasó factura. Todos querían a Mario, aunque estuvieran en sus antípodas ideológicas. Tras su paso por la isla caribeña, recaló en Perú, donde fue detenido y amnistiado, antes de instalarse de forma definitiva en España, primero en Mallorca y después en Madrid. Fueron más de diez años alejado de Luz López, con quien se había casado en 1946. Todos sus libros están dedicados a ella. «A Luz, una vez más», brinda en 'La vida, ese paréntesis'. «A Luz, como siempre», hace en 'El olvido está lleno de memoria'. Este último título esconde un doloroso guiño al alzheimer, enfermedad que sufrió su mujer durante años hasta su fallecimiento en 2006. Benedetti, ya viudo, agarrado al convencimiento de que la muerte es «un síntoma de que hubo vida», escribió algunos de sus poemas más tristes en 'Testigo de uno mismo': «Acontece la noche y estoy solo / cargo conmigo mismo a duras penas / al buen amor se lo llevó la muerte / y no sé para quién seguir viviendo».

Novelas y cine

Por entonces sus poemas ya eran cantados por decenas de intérpretes, desde Pablo Milanés hasta Nacha Guevara, desde Serrat hasta Sabina. Su temprana novela 'La tregua', la historia de un oficinista viudo que se enamora de una mujer a la que dobla la edad, fue llevada al cine protagonizada por Héctor Alterno. El resultado estuvo nominado a los Oscar en categoría de mejor película de habla no inglesa. Benedetti, de cuyo nacimiento se cumple un siglo esta semana, murió en 2009 aquejado de una enfermedad pulmonar crónica. Tenía 88 años.

Sus versos siguen vivos más de una década después de su muerte, estampados en camisetas, difundidos y a menudo decontextualizados en Instagram, reeditados en libros que no paran de venderse. Porque Benedetti, aquel niño que tuvo que dejar los estudios, popularizó la poesía hasta niveles extraordinarios. Ha sido la puerta de millones de lectores a un género minoritario, siempre en riesgo. Y esa cuenta, aunque su obra soporte peor el paso del tiempo que la de otros autores más brillantes, tal vez menos humildes, quedará pendiente por mucho tiempo.

 MARIO BENEDETTI

DEFENDER LA ALEGRÍA

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardíacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

NO TE SALVES

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas

entonces
no te quedes conmigo.

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Publicado en Diario SUR.

Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.

Málaga 20 de septiembre de 2020.

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martes, 15 de septiembre de 2020

La ortografía con humor entra

 

La ortografía con humor entra

La ortografía con humor entra
DON PARDINO

«Cada vez leemos menos, tanto en papel como en cualquier otro medio, y esto hace que cometamos más faltas y que tengamos menos riqueza léxica»

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZMadrid

«Sin la ortografía no se puede comprender bien lo que se escribe ni se puede percibir con la claridad conveniente lo que se quiere dar a entender». Pilar Fernández, doctora en Filología Hispánica, catedrática y profesora de Lengua de la Universidad CEU San Pablo, rescata esta frase del prólogo del Diccionario de Autoridades (1726 - 1739) de la Real Academia Española (RAE) al contestar a la pregunta de por qué es tan importante escribir bien. Una frase que, a pesar de redactarse en el siglo XVIII, sigue gozando de gran actualidad.

«En los últimos años, parece que a la ortografía se le da menos importancia porque ya están ahí las máquinas para corregirnos y evitar que fallemos, pero la buena escritura es una carta de presentación de uno mismo y, aunque pensemos que la técnica puede suplir al conocimiento, no es así», destaca Fernández. Un ejemplo clásico es el que ocurre con los términos 'más' y 'mas', cuyo sentido el ordenador no distingue y los acepta como válidos indistintamente. Por ejemplo, si escribe en una página de texto las frases 'Hoy soy más feliz' y 'Hoy soy mas feliz', en la pantalla no le aparecerá ningún signo de que una de las dos es incorrecta. ¿Cuál? La segunda. Haga la prueba y lo comprobará.

Otro aspecto que muestra que los fallos ortográficos no tienden a pasar desapercibidos es que, especialmente en los ámbitos periodístico, político y académico, se llama muchísimo la atención sobre aquel que comete errores de este tipo. Son los profesionales más afectados porque su herramienta de trabajo es, precisamente, la Lengua, pero también por eso tienen una responsabilidad añadida de transmitirla correctamente a la población.

«El uso de anglicismos y palabras comodín supone un empobrecimiento del lenguaje»PILAR FERNÁNDEZ

Como profesora de lengua, Fernández está más que acostumbrada a los gazapos de sus alumnos que, confiesa, «tienen un nivel de ortografía desconsolador en general». «Me consta que en los colegios se trabajan mucho las reglas ortográficas y no creo que el problema venga únicamente de la tecnología, que también aporta cosas muy positivas, como leer libros electrónicos perfectamente escritos», añade. La filóloga considera que tiene más que ver con los hábitos de lectura. «Cada vez leemos menos, tanto en papel como en cualquier otro medio y esto hace que cometamos más faltas, pero también que tengamos menos riqueza léxica», expresa. «Aprender la ortografía de un idioma no radica únicamente en memorizar unas normas, hay que verlas aplicadas y ponerlas en práctica».

A lo que sí ha contribuido la tecnología es a volvernos más vagos escribiendo. Así, en las redes sociales las abreviaturas abundan y los signos de puntuación, como las aperturas de interrogación o exclamación, los acentos y las comas, brillan por su ausencia. También es cada vez más común el uso de anglicismos y palabras comodín –aquellas que se emplean con multitud de sentidos, reemplazando a otras que serían más precisas en determinados contextos–. Todo ello lleva a un cierto empobrecimiento del lenguaje, pero Fernández no lo asocia a las máquinas en sí mismas, sino a las modas. «En internet el hablante se adapta al medio pero, si se conocen las normas, eso no tiene por qué influir en la redacción de un texto escrito», declara.

Humor ortográfico

Lo más curioso de todo es que ha sido precisamente en internet donde un profesor que enseña ortografía se ha vuelto viral, don Pardino. Este señor, entrado en años, que ha llenado la red de viñetas ortográficas humorísticas tiene como objetivo despertar nuestro interés por la buena escritura, y parece que lo está consiguiendo.

La acogida que le han mostrado los internautas ha sido tan buena que sus creadores, un maestro (y dibujante) y un médico que prefieren no desvelar su identidad, acaban de publicar el cómic 'El profesor don Pardino contra los titis' (Plan B), en el que el personaje lucha contra unos seres malvados que se dedican a propagar errores ortográficos y gramaticales (los titis).

La pregunta es, ¿cómo se explica su éxito si la ortografía suele causar más pereza que entretenimiento? «Don Pardino ha contribuido a hacer la ortografía amena a través de dos medios: las imágenes, porque los dibujos captan la atención y son más fáciles de recordar que las palabras; y el humor. El lema de Don Pardino es 'la letra con humor entra' y parece que la gente al leer un chiste asociado a una regla ortográfica lo recibe con más ganas», explica el maestro y creador de las viñetas.

Parece que sí, porque son muchos los profesores, traductores y correctores que se han puesto en contacto con ellos agradeciéndoles su labor. «Es verdad que la tecnología se lo pone difícil a la ortografía, pero eso no implica que la gente no se interese por ella», dice el autor.

Tanto él como Fernández coinciden en que lo más importante para escribir bien es leer, escribir, dudar siempre y consultar las fuentes (Fundéu, RAE...). «Dudar es muy sano. Es el primer paso para no equivocarse», concluyen.

5 errores frecuentes

Mayúsculas sin tilde
Según las reglas de acentuación, las mayúsculas deben tildarse siempre que les corresponda.
Quesuismo
Ocurre al emplear la secuencia «que su» en lugar del relativo «cuyo». Como en la frase: «Es una persona que su único tema de conversación es ella misma».
Vocativos sin coma
Los vocativos se emplean para dirigirse a un interlocutor de manera explícita y deben ir aislados entre comas. Por ejemplo, en lugar de ¡Hola Juan!, lo correcto es poner ¡Hola, Juan!
Los meses en mayúscula
Salvo que la mayúscula venga exigida por la puntuación (al comienzo del texto o después de punto), los nombres de los días de la semana, de los meses y de las estaciones del año se escriben con minúscula inicial. «Hoy es lunes» y no «Hoy es Lunes».
O con tilde
La conjunción 'o' nunca lleva tilde, ni siquiera entre cifras. «Hay 10 ó 20 niños», es incorrecto. Lo correcto sería: «Hay 10 o 20 niños».
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Publicado en Diario SUR.
Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.
Málaga 13 de septiembre de 2020.
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miércoles, 9 de septiembre de 2020

El pionero SOS de Delibes por la naturaleza


Miguel Delibes Setién en una de sus jornada de pesca. /R. C.
Miguel Delibes Setién en una de sus jornada de pesca. / R. C.

La familia del escritor dona a la Biblioteca Nacional el manuscrito del discurso de ingreso en la RAE del premio Cervantes, que versó sobre progreso y medio ambiente


Miguel Lorenci

MIGUEL LORENCIMadrid
El 25 de mayo de 1975 Miguel Delibes pronunció su discurso de ingreso en la Real Academia Española. 'El sentido del progreso desde mi obra', tituló a su nada académico parlamento. Bello y emotivo, fue mal interpretado por quienes vieron en el pionero SOS del escritor por la naturaleza y el medio ambiente un alegato contra el progreso. El manuscrito de aquella alocución está ya en la Biblioteca Nacional, donado por la familia Delibes.
«Lo singular del texto es que no es nada académico. La literatura y el lenguaje pasan a un segundo plano ante la denuncia de una concepción de progreso deshumanizada por no integrar en ella el respeto a la naturaleza, la 'casa común'», explica Fernando Zamácola, director de la Fundación Delibes.
El escritor fue pionero en denunciar que no podía existir progreso si suponía supeditar la naturaleza a una «tecnología desbocada». Su visión de ese progreso mal entendido «se interpretó como reaccionaria o contraria a la modernidad, cuando explicita que no cabe entender que se progrese si el ser humano y el entorno quedan aplastados», apunta Zamácola.
Aborda Delibes temas recurrentes en su obra y hoy candentes: la defensa del medio ambiente con óptica conservacionista, pero no militante ni política; la denuncia de las desigualdades, y la defensa del medio rural y la pérdida de oficios tradicionales en un entorno envejecido y abandonado. «A pesar de sus 45 años, el discurso no es antiguo en absoluto», ilustra el director de la fundación.
Meticuloso y concienzudo, pero no especialista en medio ambiente, Delibes pidió ayuda a su hijo, el biólogo Miguel Delibes de Castro, colaborador entonces de Félix Rodríguez de la Fuente. Su contribución fue «decisiva», según Zamácola, «para que el texto no se viera como un alegato contra el progreso en sí, sino contra una idea equivocada de progreso».

En un cuaderno

En contra de su costumbre, Delibes no lo escribió en cuartillas de las resmas sobrantes de 'El Norte de Castilla' que le recortaban en el periódico que dirigió. Lo hizo en las 47 hojas cuadriculadas de un cuaderno que llamó su «tesina». Escritas por una sola cara con tinta azul, con su apretada caligrafía, tachaduras y correcciones, en algunas aparece un sello con las iniciales 'MD'. Delibes no quiso que lo imprimiera la RAE como es habitual. Lo hizo la editorial vallisoletana Miñón. La corta tirada se agotó en dos semanas y se reimprimió en la colección Áncora y Delfín, de Destino, con dos textos complementarios y el título: 'SOS. El sentido del progreso desde mi obra'.
Elegido el 1 de febrero de 1973 como titular del sillón 'e' de la docta casa, en noviembre de 1974 Delibes perdió a su esposa Ángeles, «mi equilibrio». Viudo con 7 hijos, incluyó párrafos sobre ella en el discurso que la emoción le impidió leer en la RAE. Julián Marías respondió a su paisano y sí citó a la esposa de su amigo y su alegría vital que «aligeraba la pesadumbre de vivir». Años después Delibes recuperó esa expresión en 'Señora de rojo sobre fondo gris'.
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Publicado en Diario SUR.
Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.
Málaga 09 de septiembre de 2020.
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domingo, 6 de septiembre de 2020

El rey, la concubina y un país perplejo


Rama X, el día de su coronación en mayo de 2019./EFE
Rama X, el día de su coronación en mayo de 2019. / EFE

El monarca Rama X saca de la cárcel a su 'consorte imperial' después de pasar el confinamiento con su harén en Alemania


Daniel Roldán

DANIEL ROLDÁNMadrid
Maha Vajiralongkorn fue coronado rey de Tailandia el 4 mayo de 2019, tres años después de la muerte de su padre. Quería guardar un luto prudente, aunque ejercía como jefe del Estado desde el fallecimiento de su progenitor en 2016. Desde la fastuosa ceremonia, el rey Rama X no ha dejado de sorprender a sus súbditos -y a medio mundo- con sus decisiones. El último escándalo del monarca no trata sobre su naturaleza divina sino sobre sus pasiones terrenales. Ha sacado a su 'consorte imperial' de la cárcel y le ha puesto un avión privado de la Familia Real para que viajara a su lado a un hotel alemán junto a otra veintena de concubinas. Ah, y la reina Suthida viviendo en Engelberg (Suiza), a tiro de piedra.
Esta extraña historia comienza el verano del año pasado, cuando, Rama X se regala para su 67 cumpleaños una 'consorte imperial', figura que no se utilizaba de forma oficial desde hacía un siglo. La elegida era Sineenat Wongvajirapakdi, una joven nacida en 1985 que había sido enfermera y de la que el monarca se había encaprichado. En la ceremonia para el nombramiento -televisada para todo el país- aparecieron los dos protagonistas y la cuarta esposa del rey, Suthida, con quien se había casado en mayo.
Toda era felicidad, hasta que en octubre del año pasado, y sin que se conozcan los porqués, Sineenat acabó en el talego, acusada de «deslealtad», «falta de gratitud» y de querer «actuar igual que la reina». Ahí es nada. De la opulencia al olvido de una cárcel tailandesa en apenas tres meses. Si estos movimientos palaciegos gustaron poco al pueblo tailandés, lo que sucede desde febrero ha provocado numerosas manifestaciones pidiendo reformas y menos poder para la monarquía.
Hace cinco meses, el rey, con séquito y harén incorporado, se fue a vivir a Garmisch-Partenkirchen, a los Alpes bávaros, para pasar la pandemia. Y allí continúa. El viernes pasado, decidió que necesitaba a su 'concubina imperial'. La echaba de menos. Tanto que fue a recibirla al aeropuerto de Múnich con toda la parafernalia real. Sineenat recuperó el cariño del rey y se ha incorporado al harén. Aprecio al monarca que se desploma en Tailandia. Rama X lleva siete meses de 'vacaciones'. Su padre, Bhumibol Adulyadej, no abandonó el país en sus últimos cinco lustros de vida.
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Publicado en Diario SUR.
Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.
Málaga 04 de septiembre de 2020.
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TEMAS

Tailandia

jueves, 3 de septiembre de 2020

Por qué se demolió la iglesia de la Merced: la verdadera historia del padre Hipólito








Iglesia de la Merced en los años cuarenta. /Archivo. SUR
Iglesia de la Merced en los años cuarenta. / ARCHIVO. SUR

Hipólito Lucena fue un sacerdote muy querido y popular entre la feligresía malagueña








Fernando Alonso

FERNANDO ALONSO
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Se llamaba Hipólito Lucena Morales y era el párroco de la iglesia de Santiago. Era un buen sacerdote, muy querido por sus feligreses y buen dinamizador de su parroquia. No he conseguido localizar ningún retrato suyo, pero me lo imagino atractivo y bien plantado. Había fundado una orden, las hipolitinas, cuyas profesas, escogidas entre lo más granado de la sociedad malagueña, ofrendaban su sexualidad a Cristo, representado en la propia persona de don Hipólito, en una ceremonia íntima que tenía lugar en la iglesia de la Merced. Y estalló el escándalo.
Hipólito Lucena Morales había nacido en Coín en 1907. Era hijo de Francisco y María de la Fuensanta, padres que suponemos muy piadosos porque tuvieron otros dos hijos sacerdotes. A los diez años Hipólito, ya huérfano, ingresó en el Seminario donde terminó todos los cursos con brillantez y aprovechamiento, de manera que a los 23 años, en 1930, fue ordenado sacerdote. Al iniciarse la Guerra Civil fue detenido junto a otros 48 sacerdotes y sufrió persecución por la Justicia. La Providencia quiso que no fuese fusilado, aunque sí lo fueran sus hermanos Hilario y José, también sacerdotes.
José Manuel García Agüera, en sus Crónicas de Coín, trazó el perfil biográfico de don Hipólito. Gracias a él sabemos que fue nombrado en 1939 cura ecónomo de la parroquia de Santiago por el obispo Balbino Santos Olivera. Desde este puesto adecentó su iglesia, que había quedado bastante dañada a causa de la guerra. Colaboró en la reconstrucción de la Semana Santa, especialmente en la cofradías del Rescate y del Rico. De gran formación intelectual, don Hipólito fue profesor del Seminario e impartió las asignaturas de filosofía, teología moral, derecho e historia de la Iglesia. Ocupó los cargos de fiscal de la Curia, examinador y juez prosinodial, miembro de la Junta Catequista Diocesana, consiliario del Patronato de Protección a la Mujer, consejero de la Caja de Ahorros de Ronda, miembro de la Junta Diocesana de Enseñanza de Religión, etc. Por todos sus méritos Ángel Herrera Oria le nombró en 1949 arcipreste.
En cualquier caso, repetimos, don Hipólito fue un sacerdote muy querido y popular entre la feligresía malagueña. Fue creador e impulsor de varias asociaciones religiosas, de las que también fue su director espiritual. Entre todas ellas destaca la de las hipolitinas. Oficialmente daba cabida a señoras y señoritas de la buena sociedad malagueña que prestaban ayuda a niños pobres y abandonados y a familias necesitadas, por lo que en sus días fue muy aplaudida. Sin embargo, pronto empezaron a surgir sospechas. Había quien afirmaba que en su orfanato se recogían, además de niños abandonados, los frutos sacrílegos de las relaciones del director espiritual con sus hermanas. Se decía que don Hipólito celebraba en la iglesia de la Merced desposorios o matrimonios místicos, envueltos en éxtasis. Aclaremos para mejor comprensión del lector que la iglesia de la Merced, que dio nombre a su plaza, había sido arrasada e incendiada en los tristes sucesos de mayo de 1931. Funcionaba en los años cincuenta como anexo de la parroquia de Santiago y, a pesar de que mantenía su estructura en bastante buen estado, nunca llegó a ser reconstruida. La iglesia de la Merced se utilizaba también como cine y salón parroquial.
Las primeras denuncias procedieron, al parecer, de algún marido que no llegaba a entender las necesidades espirituales de su esposa. En 1959 se abrió una investigación por parte del Vaticano que trataba de esclarecer qué había de herejía o de psicosis en todo este asunto. Don Hipólito fue conducido en secreto a Roma y allí se le rasparon las manos, símbolo por el que se borraba el privilegio de consagrar. Fue encerrado en un monasterio de los Alpes austriacos. La iglesia de la Merced fue demolida en 1963.
Zoilo Montero, propietario de la tienda de ultramarinos que hay frente a Santiago, conoció a don Hipólito. Me cuenta que «hizo cosas buenas y que nunca la parroquia tuvo tanta vida como en los años cincuenta, lo que tiene mérito porque fueron años muy difíciles. Era muy querido y se ganó el favor de sus feligreses gracias a sus obras de caridad y de apostolado.» Rafael Aldehuela afirmaba que «don Hipólito fue siempre un buen cura, pero no por ello dejó jamás de sentirse hombre y víctima de sus pasiones».
Hipólito Lucena pasó sus últimos años de vida en Coín, dedicado a sus lecturas y oraciones. Allí se le veía pasear lentamente, abrigado con su boina y su bufanda. Falleció en 1981.
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Las hipolitinas y la literatura
Ningún periodista de la época osó esclarecer los hechos. Por más que he rebuscado en la hemeroteca del Diario Sur no he encontrado alusión alguna. La primera referencia que hemos localizado de las hipolitinas es la de Gustavo García-Herrera, quien en 1966 decía subrepticiamente que «en Málaga no podían faltar en su historia los capítulos de brujería e iluminismo, que aún por nuestras fechas no es infrecuente conocer». Antonio Olano en su Guía secreta de la Costa del Sol (1974) afirmaba, refiriéndose a la hipolitinas, que «los ritos paganos contaban con los clásicos ritos sexuales». Camilo José Cela en su Enciclopedia del erotismo (1976) hablaba de las hipolitinas como «un grupo de beatas malagueñas que ejercieron de coimas de su director espiritual» al que llama, con desparpajo, «Don Cipólito» (sic).
Juan Eslava Galán en su divertido libro De la alpargata al seiscientos (2010) trata el tema con su habitual gracejo y donaire. Finalmente el escritor Alberto Castellón ha novelado el episodio en Tarta Noruega (2002), que recibió el Premio de Novela Corta Diputación de Córdoba.
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Publicado  en Diario SUR.
Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.
Málaga 03 de septiembre  de 2020.
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