viernes, 9 de octubre de 2020

Las águilas de Benalmádena no remontan el vuelo.

 

Las águilas de Benalmádena no remontan el vuelo

Una de las mayores colecciones privadas de rapaces en España desfallece por la falta de visitantes y de apoyo institucional

Jan sostiene un ejemplar de águila calva americana, el emblema de Estados Unidos./Germán Pozo
Jan sostiene un ejemplar de águila calva americana, el emblema de Estados Unidos. / GERMÁN POZO
Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

Los chillidos cruzados de distintas especies de águilas, mezclados con el ulular de los búhos, es la banda sonora que recibe al visitante en el centro que la fundación Valle de las Águilas tiene en lo alto del monte Calamorro,junto a la salida del teleférico de Benalmádena. El sueño de los cetreros Jurgen Nikolaus y su hijo Jan es hoy una de las mayores colecciones de aves rapaces y carroñeras de España, que acoge a unos 160 ejemplares de casi todo el mundo, entre águilas, buitres, halcones, búhos, azores e incluso una hembra de cóndor de los Andes.

La crisis turística derivada del coronavirus ha dejado el negocio en una situación «crítica» a nivel financiero, pero también por la falta de mano de obra (ya que todos los trabajadores están en Erte) y de apoyo de ningún tipo, más allá de algunos voluntarios que les echan una mano con la ingente lista de tareas que tiene este núcleo zoológico privado.

Antes, lo normal era recibir entre 200 y 300 personas al día; ahora apenas son 20 o 30 como mucho los fines de semana, que es cuando funciona el elevador. A quienes se adentran en el recinto –desconocido para muchos ciudadanos– les esperan aves llegadas de casi todos los extremos del planeta, de las que algunas (las que les coresponda ese día en el orden de entrenamientos) demostrarán sus habilidades en vuelo y como cazadoras. El espectáculo central consiste en el ataque en picado que un águila ejecuta sobre un señuelo de piel de zorro, pero también hay otras actividades demostrativas de la práctica ancestral de la cetrería.

Jurgen, con el águila real Ulan sobre el brazo, y Jan, en sus instalaciones.
Jurgen, con el águila real Ulan sobre el brazo, y Jan, en sus instalaciones. / GERMÁN POZO

Jurgen, de origen alemán y judoka de élite, vive varios años en Japón y de vuelta a Europa montó un exitoso centro deportivo y de artes marciales en Estrasburgo. Al mismo tiempo, cultiva su pasión por las aves. En un momento dado, se cansa de aquella vida y abandona los negocios. Coge a su águila real, Max, que todavía hoy le acompaña –a sus 35 años es ya muy anciano y contempla a los visitantes desde un posadero a resguardo– y recala en la Costa del Sol, desde donde le había llegado una propuesta para montar una cetrería en Marbella.

Es el año 1996. Ese proyecto no prospera pero termina instalado en Benalmádena, donde hace demostraciones para el público en el jardín del castillo de Colomares. Él y su hijo, que se muda un poco más tarde para ayudarle, tienen que emprender el vuelo cuando empiezan a urbanizar la zona, y en 2001 aterrizan en su actual emplazamiento, junto a la salida del teleférico.

Cría y venta en cautividad

Además de las visitas y demostraciones, se dedican a la cría y venta de ejemplares para cetreros. «No vendemos a todo el mundo ni por capricho, sólo a gente con experiencia y profesionales», para aeropuertos e instalaciones donde el control de las aves es necesario. «Intentamos educar y sensibilizar al público a la vez que protegemos a las rapaces, para que no se extingan».

En este punto, ante las dudas de algunos visitantes, aclara que en la naturaleza estas vuelan por necesidad, «porque ello supone gastar energía, y no quieren estar volando todo el día, sino en sus posaderos». En cualquier caso, todas las aves salen y vuelan por turnos, de lunes a domingo, según las necesidades de su especie, haya o no espectáculo con público.

Sus cuidadores les procuran una alimentación lo más parecida posible a la que encontrarían en la naturaleza, a base de pequeños animales vivos (palomas, conejos, ratas), pollo y pavo como complemento para las águilas y halcones; pescado para algunas especies, y cabras y ovejas para los buitres. Un componente habitual de su alimentación son los pollos macho recién nacidos que la industria cárnica desecha (las que se crían y venden en las carnicerías son siempre hembras porque crecen más rápido). «Gastamos 80 cajas de diez kilos cada mes y medio». En total, varias toneladas de carne de diversos tipos para alimentar a tan extensa prole.

Olga, un búho real, es la primera en recibir a los visitantes. Entre los ejemplares más llamativos están el águila real Ulan, que es una de las estrellas por su habilidad para la caza;el águila calva americana (la que aparece en la bandera de Estados Unidos); varias especies de halcones, entre las que llama la atención uno de origen mexicano, con un colorido espectacular. Y Sherpa, una hembra de cóndor de los Andes de 24 años, uno de los pocos que existe en España. Pero la lista para los aficionados es larga: milanos, caranchos, búhos centroeuropeos y siberianos, águilas vocingleras, calzadas, volatineras, azules y harris; así como buitres leonados, africanos y cabecirrojos.

Sin público ni apoyo

El negocio de Jan y Jurgen está en una situación «crítica», no sólo a nivel económico, sino también prácticamente solos para mantener a tantas aves porque los trabajadores están en Erte y sólo cuentan con algunos voluntarios. «No entra casi nada de dinero, apenas da para darles de comer algunos días y las reservas se agotan». Para colmo, el teleférico funciona ahora únicamente los fines de semana, y suben muy pocos visitantes. El turismo internacional, sobre todo los ingleses, eran su público principal, junto a algunos amantes de los animales que son habituales.

«Necesitamos que la gente venga a conocernos, muchos malagueños no saben que esto existe», suplica Jan, y reconoce que se sienten «asediados», como le ocurre a las rapaces en la naturaleza con la presión humana. «Lucho para que las aves no se den cuenta de lo que hay y sigan teniendo un mantenimiento perfecto, no quiero tener que venderlas porque son el legado de mi padre. Son mi vida y nosotros la de ellas, después de tanto años de trabajo, es como si fueran hijos».

El cetrero confiesa sentirse «agotado» de buscar recursos para ellos, y por eso reclama algún tipo de apoyo de los ciudadanos y a nivel institucional, ya que la de Benalmádena es una de las mayores colecciones privadas de rapaces de España. También les vendría bien que les permitieran hacer sus demostraciones para los niños en los colegios. En definitiva, sentir que ellos y sus aves tienen un mínimo apoyo. De lo contrario, estarán abocados a la extinción.

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Publicado en Diario SUR.

Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.

Málaga 05 de octubre de 2020.


sábado, 3 de octubre de 2020

Quino deja huérfana a Mafalda

 

Quino deja huérfana a Mafalda

El genial dibujante argentino y creador de la respondona criatura fallece a los 88 años en Mendoza, su ciudad natal

Joaquín Salvador Lavado, 'Quino', con Mafalda./ AFP
Joaquín Salvador Lavado, 'Quino', con Mafalda. / AFP
Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Mafalda se ha quedado definitivamente huérfana. Su padre, Joaquín Salvador Lavado, conocido universalmente como Quino, falleció este miércoles en Mendoza, su ciudad natal en Argentina, a los 88 años, según confirmaron fuentes de su entorno. Quino dio vida a Mafalda y sus inolvidables compañeros de viñetas entre 1964 a 1973, aunque las historias de la respondona niñita se han seguido reeditando en todo el mundo hasta la actualidad.

Mafalda nació para una campaña publicitaria frustrada. La primera historieta de la listísima criatura, irónica, e inconformista, preocupada por la paz y el mundo de los derechos humanos, se publicó el 29 de septiembre de 1964 en el semanario Primera Plana. A través de sus ojos y su mente el dibujante reflejó el mundo de los adultos desde la perspectiva de un grupo de niños.

Mafalda llegó a Europa en 1969 de la mano del Umberto Eco, sabio italiano que acabaría compartiendo con Quino el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades que el dibujante recibiría en 2014 por el «enorme valor educativo» y la «dimensión universal» de su obra, protagonizada por unos personajes que «trascienden cualquier geografía, edad y condición social».

Su difunto padre definió a Mafalda como una «heroína iracunda», y sus libros se han traducido a una veintena de idiomas y se han publicado en diarios y revistas de todo el mundo y se han vendido por millones. Quino dejó de dibujarla en 1973. Sin embargo, el interés por Mafalda no decayó y ha seguido vigente hasta la actualidad, con sus libros reimprimiéndose y adaptándose a las nuevas tecnologías y disponibles en formato digital.

Nacido en Mendoza, en 1932, Quino era hijo de un matrimonio de andaluces emigrados a Argentina en 1919. Su tío Joaquín Tejón, pintor y diseñador gráfico, descubrió y alentó su vocación y le incitó a comenzar con 13 años unos estudios de Bellas Artes que abandonó en 1949, para a dedicarse a las historietas y al humor gráfico. En 1954 publicó su primera página y, desde ese momento, sus viñetas, dibujos e historietas tuvieron una enorme aceptaación.

Quino y Mafalda. / R. C.

Con el golpe de Estado en Argentina de 1976, el viñetista se exilió en Milán. En 1990 adoptó la nacionalidad española y desde entonces había alternado su residencia entre Madrid, Buenos Aires y Mendoza. Además del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, recibió la Medalla de la Orden y las Letras de Francia.

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Publicado en Diario SUR.

Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.

Málaga 3 de octubre de 2020.

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lunes, 28 de septiembre de 2020

"No estamos capacitados para soportar lo que los demás piensan de nosotros"

 

«No estamos capacitados para soportar lo que los demás piensan de nosotros»

Juan Jacinto Muñoz Rengel. /SUR
Juan Jacinto Muñoz Rengel. / SUR

Muñoz Rengel desteje en su nuevo ensayo la red de mentiras con las que convivimos: «El engaño existe allí donde hay vida»

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ
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La mentira, repudiada socialmente, está instalada en la política y el arte, en la religión y en la naturaleza, pero también en nuestras relaciones personales y hasta en la imagen que devuelve el espejo. Pocos mecanismos sufren una paradoja similar. Despreciada pero utilizada por todos, la historia del engaño se remonta tan atrás como la historia de la propia vida. En ella ha buceado Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974) para construir 'Una historia de la mentira', un deslumbrante ensayo editado por Alianza que desteje la red de simulaciones agazapadas en planos tan dispares como la ciencia, la economía, la muerte o el amor. El autor de 'El gran imaginador' ha vuelto esta semana a las librerías para ofrecer «una arriesgada apuesta por desvelar la verdad» de tanto simulacro. Aunque parezca mentira.

–¿Está sobrevalorada la verdad?

–Desde el principio del pensamiento. Ya en la filosofía platónica, la verdad con mayúscula era una verdad inalcanzable. Durante muchos siglos hemos creído que la verdad es un ente existente cuando en realidad es probable que nunca sepamos qué es eso tan abstracto que llamamos verdad. No es más que un horizonte que perseguimos mediante nuestra red de mentiras.

–¿Podríamos soportar la convivencia sabiendo lo que de verdad pensamos unos de otros?

–Parece bastante complicado. No creo que estemos capacitados para soportar lo que los demás piensan de nosotros. Es más: el mecanismo de autoengaño existe porque ni siquiera podemos soportar lo que pensamos de nosotros mismos. A todos nos ocurre que, en un momento de lucidez o cuando nos hemos tomado dos copas, de repente nos vemos más viejos o más gordos en el espejo. Pero no ocurre a diario porque entrenamos la mente para ocultarnos cosas. Para vivir en sociedad tenemos que mentir. Si no mintiéramos, no podríamos articular la convivencia. Cualquier forma de protocolo o educación mínima pasa por la mentira. Hay gente que dice: «Yo siempre digo la verdad». Bueno, igual eres un maleducado.

–En el libro recuerda que la buena educación radica precisamente en nuestra capacidad de modular el engaño.

–Claro, pero parece que hay gente que se mueve entre blancos y negros. Nadie va «con la verdad por delante», como suele decirse: en todo caso, será una pulsión que nace y sueltas sin filtro. Y eso se llama mala educación. La necesidad de convivencia ha configurado una sociedad que utiliza procedimientos para no atropellarnos unos a otros.

–Sin la mentira no habría arte, religión, política... No existiría el mundo como lo concebimos. En su ensayo se remonta a una mentira primigenia, antes incluso del lenguaje.

–Para coger perspectiva me interesaba bajar a las bases. El ser humano miente mejor que cualquier otro ser vivo, pero hay muchas otras especies que mienten. La propia naturaleza miente. La mímesis que adopta una planta para parecer peligrosa, carnívora o atractiva a una abeja ya es un intento de engaño. La mentira está en todo el mecanismo evolutivo: existe allí donde hay vida.

–La selva está llena de engaños.

–Cualquier camuflaje es una mentira. Un animal que se hace el muerto para protegerse está mintiendo: intenta engañar a su depredador para que lo ignore. La naturaleza está llena de trampas. También los animales acuáticos reproducen combinaciones químicas que están destinadas al engaño: un pulpo arrojando la tinta, por ejemplo. Y esto ocurre porque nos movemos entre enemigos.

–Esa simulación animal tiene objetivos naturales, pero los humanos hemos convertido la mentira en algo sofisticado.

–Lo grande del ser humano es su capacidad de hacer ficción. Igual que cualquier otro animal desarrolla para sobrevivir desde tentáculos hasta fauces o garras, los humanos hemos desarrollado nuestra capacidad para mentir. Y desde ahí crece la inteligencia, que no es más que la capacidad de mentir en distinto grado. Eso engloba la creación, las hipótesis, las estrategias, las proyecciones, las simulaciones... Son grados de mentira. De ahí nace todo. La religión es un accidente de nuestra inteligencia, como el arte. Cuando el ser humano desaparezca no quedará nada del arte ni de la religión: sin nosotros no serán más que ruinas porque no hay ninguna otra especie en la naturaleza que interprete esos aparatos ficcionales. Pero algunos de estos accidentes derivados de nuestra capacidad de mentir son inocuos y otros son perjudiciales.

–¿Es dios la mayor mentira de la historia o la más perjudicial?

–En un sentido filosófico, es la mentira de mayores dimensiones. En un sentido histórico, las religiones han matado a millones de personas. Pero ha habido otros muchos impulsos, desde el racismo hasta algunas ideologías, que también han matado a mucha gente.

–¿En qué se diferencian las religiones de las supersticiones?

–La superstición es más de andar por casa. Está menos organizada. Son rituales que creemos que tienen poder sobre la realidad: «Me voy a poner esta prenda porque me da suerte». Es algo azaroso que convertimos en normal, un planteamiento ingenuo. La religión acapara el poder, quiere tener el monopolio de la mentira. Las supersticiones se expanden pero no se imponen; las religiones pretenden imponerse. Ha ocurrido a lo largo del tiempo: los creyentes han querido imponer normas y dioses a los no creyentes. Son mentiras dominantes. Por eso las religiones son más peligrosas que las supersticiones.

–También señala que el ateo miente cuando asegura que dios no existe. ¿Nadie se libra de la mentira?

–Claro, no se puede librar nadie que pretenda alcanzar la verdad porque es inalcanzable. En términos absolutos, ser ateo es un acto de fe equivalente a ser creyente. Quien asegure que dios no existe nos está engañando o se miente a sí mismo. La alternativa sería el agnosticismo: puedes no creer en dios pero no saber que no hay un dios. El ser humano no puede saber qué hay al otro lado. Somos un pequeño experimento en medio del cosmos. Tenemos herramientas muy pobres.

–¿Y qué hay de las mentiras económicas?, ¿no es la acumulación de la riqueza otro engaño?

–La mentira está incrustada en la economía antes de la invención de la moneda, desde el propio trueque: el comerciante intenta vender algo simulando que su valor es mayor del que realmente es. En los mercados, las mejores frutas están delante y las peores, las más feas, detrás. Con la invención de la moneda, empezamos a poner precios a las cosas. Y eso ya es una mentira. La especulación financiera hunde sus raíces en las imposiciones mentirosas sobre lo que tiene valor o lo que no. Eso puede hacer que una huerta de tomates no valga nada, valga el doble o valga la mitad que el año anterior. Y no depende de quien los cultiva los tomates ni de su trabajo, sino de la especulación que arma una ficción en torno a lo económico. Imagina que se cayeran todos los servidores y dejara de haber electricidad. La ficción económica se desplomaría. La acumulación de riqueza dejaría de existir.

–Porque son dígitos en una pantalla. No es dinero real, tangible.

–Claro. La acumulación es una ficción. Nadie tiene un palacio lleno de billetes donde se bañe todas las mañanas. Son entes ficticios que se mueven en cuentas bancarias. Que unas cuantas familias tengan buena parte de la economía del planeta es una invención que podría borrarse de un plumazo.

–Abre el libro con una cita de Feuerbach que dice que la simulación es la esencia del mundo actual, pero usted sostiene que la opinión es el eje de la era moderna.

–Lo que ha pasado con las redes sociales es decepcionante. Nacieron para democratizar la libertad de expresión y se han convertido en un montón de gente gritando contra una pared. Todo el mundo tiene muchas ganas de opinar, pero hay poca gente interesada en aprender, informarse y escuchar. La opinión, como decía Platón, es la forma más baja de conocimiento. Es barata de producir, un impulso básico y rudo. En las redes se confunde la igualdad que nos ampara a todos con la creencia de que todas las opiniones valen lo mismo. Y no: todos somos iguales ante la ley, pero un virólogo tiene una opinión más valiosa sobre el coronavirus que un carpintero, y si habláramos de la fabricación de sillas, el poder se invertiría. La falsa democratización nos ha llevado a pensar que todo vale lo mismo.

–¿También mentimos cuando publicamos un tuit lamentando la muerte de alguien y en unos segundos estamos entretenidos en otros asuntos?

–En las redes siempre hay superficialidad, eso que llamamos postureo. Cuando decimos lamentar la muerte de alguien, en parte corresponde a un sentimiento sincero y a la vez estamos pensando en otras cosas. En los entierros siempre hay bromas. Ocurre porque tenemos que seguir con la vida. También ahí modulamos nuestra capacidad de mentir.

–Pero todos tenemos emociones a veces contradictorias. La exigencia de una honestidad mal entendida sería complicada de gestionar.

–Estamos llenos de contradicciones. Puedes tener pensamientos negativos cuando estás alegre, y al revés. Vamos tirando como podemos. Estamos sometidos al tiempo y el cambio. Todo se transforma.

–También cita a Calderón: «Que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son».

–Hay mucha literatura sobre la realidad como simulacro. Ahí están la obra de Philip K. Dick o la película 'Matrix', ficciones que plantean que lo que vemos es sólo una capa de lo que hay. Nuestra vida, la forma en la que decoramos nuestra casa, el trabajo que buscamos, los amigos que tenemos, no son más que un pequeño decorado en el que resistir unos años. En otra época y otro lugar, nuestra vida sería muy distinta.

–Si todo es mentira, y esta afirmación sería a su vez otra mentira, ¿qué queda?

–Es cierto que cuando uno habla en estos términos parece que no queda nada, ni siquiera la posibilidad de decir que todo es mentira. Pero queda esa voluntad casi utópica que tenemos los humanos de seguir el horizonte, y poco a poco hemos ido consiguiendo una vida mejor para millones de personas, creando una medicina que salva vidas... Mi sensación es que todo este recorrido de mentiras levanta una pirámide que crece hacia alguna parte. Tal vez estas mentiras configuren algún día una mentira superior, fuera del alcance de nuestra comprensión actual, que al fin dé algún sentido a lo que hacemos.

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Publicado en Diario SUR.

Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.

Málaga 28 de septiembre de 2020.

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miércoles, 23 de septiembre de 2020

¿Cómo se pinta un pájaro?

 

Cómo se pinta un pájaro?

Un águila pasó rozando la cabeza de Iñaki Díez... y la 'cazó' con acuarelas

Águila Real volando. Acuarela de gran formato. (160x105 cm.)/IÑAKI DÍEZ
Águila Real volando. Acuarela de gran formato. (160x105 cm.) / IÑAKI DÍEZ
Isabel Ibáñez
ISABEL IBÁÑEZ

Un piquituerto se posó una vez en la bota del pintor Iñaki Díez Cortaberría (Madrid, 1965). Llegó atraído por el sonido de la flauta que tocaba sentado en el umbral de la puerta de su refugio, en un pueblecito de Guadalajara rodeado de monte cuyo nombre calla. «El pájaro se fue acercando hasta que en un impulso incontrolado salió volando desde el tilo protector y fue a posarse directamente en mi pie. Me quedé paralizado, incrédulo de lo que estaba viendo. ¡Tenía un piquituerto, un macho rojo como un diablo, posado en la punta de mi bota! Durante unos segundos mágicos se cruzaron nuestras miradas, la mía atónita, la suya inquisitiva. Podía sentir en la puntera de mi bota sus dedos moviéndose para afianzarse en ese nuevo y extraño posadero. Y al rato, como ya no sonaba ese sonido irresistible que le llamó a intimar de esa manera tan atrevida con un humano… se fue. Estuve tocando la flauta media hora más, intentando que se volviera a repetir ese momento mágico, pero algunas cosas solo pasan una vez en la vida». Así lo cuenta él, con esa forma poética de narrar que tienen los que aman la naturaleza y viven aferrados a ella. Y decidió que tenía que inmortalizar con sus pinceles ese momento.

Le han pasado a Iñaki unas cuantas de estas. Ahora mismo, el Museo Nacional de Ciencias Naturales de la capital, con el que lleva colaborando más de tres décadas, ha organizado una gran exposición con más de 100 acuarelas y dibujos suyos, la mayoría aves y algunas de gran formato, que se titula 'Pájaros en la cabeza'. Iñaki es de esas personas que son muchas a la vez: pintor e ilustrador científico, flautista aficionado por influencia de su madre, una pianista vasca, hasta que una fatídica distonía (trastorno del movimiento que causa contracciones involuntarias de los músculos y que suele afectar a los músicos) se lo puso muy difícil... y veterinario de profesión. De hecho es así como se gana la vida, 25 años ocupándose de los animales de este entorno privilegiado, vacas y ovejas fundamentalmente, pero también algún que otro perro y gato, aunque desde hace dos años, por cosas de la vida, desempeña su labor en Madrid, donde reside.

El águila real

Las ideas sobre qué animal pintar suelen llegarle por vivencias que le sorprenden. Paseaba por las crestas de una montaña cuando un águila real descendió de los cielos y pasó sobrevolándole, rozando su cabeza con las alas, moviendo el aire alrededor: «Parecía que me iba a caer un misil encima. Fue a coger un corzo pequeño y despegó de nuevo. Quedé muy impresionado. Ahí pensé que tenía que dibujarle así, despegando». Generalmente, busca en Internet una o varias fotos de lo que quiere pintar y de ahí, junto a la observación y la idea que quiere transmitir, surge la composición. Y de ahí nació la que es la estrella de la exposición, un águila real, la que centra este reportaje, pintada en acuarela. Para tener este cuadro en casa ha de ser una vivienda grande, pues mide 1,60 metros de ancho, el animal pintado a tamaño natural, porque, para el que se interese, vende sus obras. Hay una que realizó por encargo para la portada del libro de un amigo que muestra a un tipo de saltamontes con una de sus extremidades mutada en pierna de mujer con tacón, la 'Metamorfosis' de Kafka pero al revés, «solo una curiosidad, un divertimento, el 90% son aves y luego hay algunos mamíferos». También paisajes que dibuja del natural. Vivir en un pueblo en medio del monte, y sin televisión, le ha dado mucho tiempo para practicar su segunda profesión, el dibujo y la pintura, «y además había temporadas en las que apenas tenía trabajo como veterinario, con los animales en los pastos de altura, y solo urgencias por algún perro. Los inviernos son duros allí, me meto en casa y no hago otra cosa». Es posible verle en acción en un vídeo disponible en YouTube con solo teclear su nombre y dos apellidos. Resulta placentero verle preparar un hatillo con pinceles y pinturas frente al fuego de la chimenea, metiendo carpetas en la mochila, y saliendo al monte nevado en busca de sus 'presas'. Se sienta en una roca, saca los bártulos y lo mismo dibuja el atardecer que un zorro. De vuelta al hogar, en el caballete, se le ve dando forma al imponente águila real. Y todo esto con el sonido relajante del duduk, una especie de oboe armenio –que Iñaki también sabe tocar–.

Alcaudón real. Acuarela (35x47,5 cm.)
Alcaudón real. Acuarela (35x47,5 cm.) / IÑAKI DÍEZ

Las golondrinas

Para la exposición del Museo de Ciencias, le pidieron que acompañara algunos de sus cuadros con las historias, las experiencias que los habían inspirado. Aquí va otra de ellas: «De pie, pinceles y paleta en mano, frente al lienzo, intentando entender por qué el pájaro que estaba pintando no acababa de mirarme cuando, sin previo aviso y con total naturalidad, entraron por la puerta abierta del estudio dos golondrinas que, tras darse un vuelo de reconocimiento por la estancia, se quedaron a dos palmos de mi cara; y aleteando en el sitio y mirándome a los ojos comenzaron un diálogo entre ellas –y quizás conmigo– que me dejó paralizado y con la boca abierta durante no pocos segundos. A ojos de una persona fascinada por el mundo animal este episodio se entendería como un claro intento de comunicación entre especies. Me vinieron a la mente lecturas de la infancia, las novelas en las que el Dr. Dolittle podía hablar con los animales, y me sentí de una gran torpeza por no ser capaz de entender lo que claramente me estaban intentando decir esas dos golondrinas. Durante esa mañana entraron dos o tres veces más en el estudio a intentar comunicarse conmigo… O quizás simplemente estaban buscando un lugar apropiado para poner el nido… Pero ¿por qué se paraban delante de mis narices y no paraban de canturrear? Con el tiempo me convencí de que quizás lo importante de esta vivencia no fue entender qué decían las golondrinas sino más bien tener la certeza de que me estaban diciendo algo a mí».

Iñaki participa del megaproyecto denominado 'Fauna Ibérica' que trata compilar, a través de ilustraciones e información, todas las especies animales que habitan nuestro país. «Es mastodóntico e implica a un montón de ilustradores de toda España. Está inacabado, queda mucho. Ahora está todo parado, pero es una obra pilar, fundamental».

– ¿Por qué seguir haciendo dibujos, ilustraciones, con la fotografía y el vídeo tan adelantados tecnológicamente?

– La ilustración, el dibujo, tiene una ventaja frente a la foto y el vídeo, aunque son complementarias, pero el pintor ha visto esas imágenes y las ha interpretado, te puede mostrar lo que él ha visto, y eso facilita la comprensión de ese animal. Puedes hacer un corte sagital de un insecto o una montaña para mostrártelo por dentro. Y con la pureza de las líneas todo es más fácil de comprender para el que lo ve.

Ampelis europeo. Acuarela (45,7x35 cm.)
Ampelis europeo. Acuarela (45,7x35 cm.) / IÑAKI DÍEZ

El roquero rojo

Asegura que entre las ventajas de vivir en un espacio natural, bien conservado y con pocos humanos a la vista, están los encuentros con fauna salvaje cuando sale de paseo. Si siempre es a la misma hora y por el mismo lugar, puede ocurrir que uno se tope siempre con el mismo 'personaje', «individuos que aprendes a reconocer y a los que inconscientemente buscas como si de una cita se tratase». Eso le pasó con un roquero rojo «que cantaba al atardecer en un cresterío rocoso cerca de casa, subido a un pináculo de roca, cantando a pleno pulmón su canción al valle entero». Sigiloso, Iñaki se acercó lo más que pudo, montó su telescopio y disfrutó de su plumaje encendido. «Volví a la cita con el roquero varias tardes más. Siempre a la misma hora, siempre en la misma piedra. Me quedaba observándolo hasta que el sol iba bajando y el frío nos hacía volver a los dos a refugios más cálidos».

Así, Iñaki pintó aquellas crestas rocosas coronadas por el roquero que les aportaba luz y color. «La vuelta a casa, entre dos luces, siempre era muy placentera. Momentos así te hacen tener la ilusión de creer que entiendes lo que pasa en la naturaleza y que no eres un mero observador sino que, indisolublemente, formas parte de ella».

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Publicado en Diario SUR.

Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.

Málaga 23 de septiembre de 2020.

 

Gran exposición en el Museo Nacional de Ciencias Naturales

Título:
'Pájaros en la cabeza'.
Fechas:
Se inauguró el pasado 15 de septiembre y estará abierta hasta el 29 de noviembre.
Contenido:
Se trata de 100 obras del artista que ocupan dos plantas del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Grandes acuarelas a tamaño natural de muchas de nuestras aves ibéricas, apuntes de campo e ilustraciones científicas.
Especies:
Águila real, cernícalo vulgar, alimoche común, ardilla roja, arrendajo, zorro rojo, alcaudón real, avutarda, halcón peregrino, cárabo común, búho campestre, carbonero común, buitre negro, muflón común, urraca, abubilla, alimoche, martín pescador, frailecillo atlántico, petirrojo... (https://idiezcortaberria.wixsite.com/misitio ).
Notas biográficas del autor:
Nace en Madrid en 1965. Licenciado en Veterinaria por la Universidad Complutense de Madrid, cursa estudios de dibujo y pintura en la Fundación Araúco (donde obtiene una beca) con el pintor realista Guillermo Muñoz Vera. Desde 1985 se dedica profesionalmente a la ilustración científica, principalmente en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Ha sido profesor de esta materia en un máster en la Facultad de Bellas Artes de la Complutense.
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Abubilla. Acuarela (38x25 centímetros).