martes, 10 de julio de 2012


BLANCA ANDREU
LA CORUÑA1959
MUJERES POETAS, XIX.
Fotografía:hojasquecaen.blogspot.com

Pasó su  infancia en Orihuela, Alicante y Murcia. Con 20 años se trasladó a Madrid. En 1980 obtuvo el Premio Adonais  Con el libro, “De una niña que se vino a vivir en un Chagall”. En 1982 obtuvo el Premio Mundial de poesía Mística Fernando Rielo, con, “Báculo de Babel”. En 1985 contrajo matrimonio con el novelista Juan Benet. En 1988 publicó “Capitán Elphistone”.  Tras la muerte de su esposo 1993,  regresa a La Coruña donde vive apartada de actividades públicas. Está considerada como el punto de partida de la llamada Generación postnovísima.
Dos poemas inserto a continuación. Ambos de versificación libre; aunque, al  segundo por su estructura tan aparentemente anómala yo lo calificaría de “anárquico”. Omite signos de puntuación e inserta versos interminables de más de veinte sílabas precedidos y precediendo a otros comparativamente diminutos. Seguro que intencionadamente, pero que para mis limitados conocimientos literarios me desconcierta y por más que analizo su estructura,  no llego a comprenderla.  Ya me gustaría a mí que al final de un poema de este tipo su autora incluyera una nota explicativa sobre el método empleado.
V.O.C..  .
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EN LA INDIA  (LOTO)
-¿Quién eres tú, misteriosa
Paloma vegetal de las aguas
Perfumada estrella viviente?
-Cuando alza el azafrán como un monarca
Su morada corona
Y hace brillar su pistilo escarlata
Del color de unos labios diciendo : ”coséchame”
Y las lentejas del agua,
Y los  castaños del agua
Abren sus verdes ojos y
 pasean por el lago
Yo lanzo mis raíces
A las profundidades,
Navego
Por debajo
En un viaje de muerte
Como el amor terrible
Atravieso el olvido
Y llego hasta la tierra sub-acuática
Como a un palacio negro
Y allí entro
Sombrío, soberano
A comenzar mi historia
Y entonces
Vivo contra las aguas
Desde la tierra al cielo
Como el amor real
Y majestuoso
Subo
De la sabia a la flor
Y entonces soy
Corazón blanco en las manos del río
Soy nube anclada
De salvajes raíces
 Soy el suave
Cordero
De las lagunas:
La rosa de Siddhartha.
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www.amediavoz.com

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FÁBULA DE LA FUENTE Y EL CABALLO (de "Elphistone") 

Para Beatriz de Laiglesia y Werner Aspenström.

Dicen que murió un caballo
contaron que pasó como una sombra, que galopaba
 como noticia que va corriendo
 todos los días hasta la fuente-agua y sonidos blancos,
 jaurías blancas y galgo crepitar-
 todos los días entre la nieve y el deshielo, sobre la hierba de mayo
 año tras año
 huía de los lobos
 ese caballo ahora está muerto,
 atravesaba los bosques encendidos por la luna
 quien lo saludaba fríamente.

Era castaño-acaso era una yegua-
ese caballo del que hablo. Nunca lo podré conocer.
Me han dicho que pasó como una sombra
que su vida no fue sino una sombra y sin embargo el caballo era luz.
Era un caballo ateniense. En sus ojos brillaba el fuego
de la verdad y la belleza,
pero nadie lo conoció.

Ese caballo que ahora viene vigilante ante este poema
con los ojos agrandados por el insomnio de la muerte,
con la mirada de mi hermano y la sonrisa de fábula
a veces miraba a los hombres,
pero los hombres no sabían prestar atención a un caballo.
Ni el sabio ni el indiferente se preocuparon de indagar.

Y así el caballo pudo ir año tras año
hasta la fuente aquella y dicen
que se hicieron compañía
durante los durísimos tiempos.
No hablaban más que de sus cosas
en un lenguaje desconocido, más misterioso que el sueco
aquel caballo y aquella fuente.

La fuente era una comadre de las que todavía quedan,
vividora, aficionada
a los chismes.
El caballo era un caballero, no puede decirse otra cosa.
Dicen que galopaba como noticia que va corriendo
a propagar la prosperidad, como un mensaje
del rojo verano.
Y nadie lo escuchó sino la fuente, nadie supo su signo ni su símbolo,
nadie quiso saber sino la fuente de aquel caballo color hoja seca.
En el interior de un verso sueco descansa de su soledad
y ahora ha llegado a este poema antes del amanecer
con  grandes ojos semejantes a los de un antiguo profeta,
con ojos que no preguntan si fue Dios quien hizo la muerte,
con grandes ojos elevados
a la categoría de potencias.

Sueño y sendero, sangre y oscuridad
que suenan como campanadas.
Hacia donde vuelan. De su paso no queda
vestigio alguno. Y el caballo-desde la noche-mira y aprueba
no los ojos de la desapacible
sino la última luz de una brizna de hierba.

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Copiado del libro "Las mil mejores poesías
de la Lengua Castellana" de J. Bergua.
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(Re)visado el día 25 de agosto de 2016.
V.O.C. 


   

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