lunes, 27 de abril de 2020

Flamencos: Un sueño rosa desafía a la pandemia




Flamencos en las lagunas de Fuente de Piedra. /Salvador Salas
Flamencos en las lagunas de Fuente de Piedra. / SALVADOR SALAS

Los flamencos de Fuente de Piedra no se alteran por el virus y demuestran que el reloj de la naturaleza sigue al compás de la vida




Matías Stuber

MATÍAS STUBER
Los flamencos son animales un tanto insólitos. Doblan la pierna para atrás, abren el pico hacia abajo en vez de hacia arriba y, a la mínima que notan que algo o alguien se les acerca demasiado, inician el vuelo y desaparecen en forma de línea recta bajo el brillo del sol. Es primavera, la tarde se aproxima a su final, la lluvia de los últimos días ha cargado el ambiente de humedad y las lagunas de Fuente de Piedra han acumulado bastante agua. No se ve un alma, pero unas 6.000 parejas de flamencos han vuelto a su hogar. Si ahí fuera hay una pandemia que está alterando el mundo entero, esta reserva es un verso suelto dentro del caos generalizado.
El reloj biológico de estos humedales, que abarcan un terreno de más de mil hectáreas, no se altera y mantiene su estrecha relación con la vida. Aquí nacerán a finales de mayo nuevas crías, que luego se anillarán allá por septiembre, en un conocido rito que atrae a ornitólogos y curiosos de medio mundo. Todo parece normal. Aunque al anillamiento de este año, como a casi todo, hay que ponerle un gran signo de interrogación.
La llegada a Fuente de Piedra desde Málaga demuestra lo mucho que se ha deformado la normalidad en las últimas semanas. Un fotógrafo, un cámara y un redactor se encuentran en dos coches y llevan guantes de látex. Tres mascarillas descansan tensadas sobre las caras. Unos 70 kilómetros separan a la capital del municipio que pertenece a la comarca de Antequera.
A la salida de Málaga para tomar la A-92, hay que sortear un control policial y luego se toma la autovía. No hay ningún ir y venir por este tramo de asfalto que suele ser un constante oscilar de tráfico. Eso hace que el vehículo se convierta en un tren fantasma. Esta crisis es distinta. Obliga a las personas al aislamiento y le roba sus caras. Las ciudades se han convertido en un búnker.
Fuente de Piedra también lo es. Después de tomar la salida de la autovía, un giro de rotonda a la derecha lleva a la calle Ancha. Aquí se encuentra el Ayuntamiento y a un kilómetro, el Centro de Visitantes José Antonio Valverde (en honor al biólogo vallisoletano que investigó por primera vez a los flamencos). Ahora está cerrado y nadie sabe muy bien cuándo se volverá a llenar de personas sus dos salas de exposiciones. También hay un trocito de tienda de souvenirs por si alguien quiere un llavero de recuerdo.
«La laguna estaba prácticamente seca, pero con las últimas lluvias ha cogido agua y hay bastantes flamencos», señala Siro Pachón, alcalde de este municipio. Aunque ahora pasa el día entero en su oficina, viendo cómo evita que el virus entre en su localidad, se reconforta todas las mañanas con la llegada de estos pájaros que ve aterrizar desde la ventana de su casa. «Donde más flamencos hay ahora es en estas lagunas», especifica con algo de orgullo.
Las salinas de la reserva se recorren por senderos, con varios miradores que ofrecen unas vistas privilegiadas un espectáculo de la naturaleza que no se da en muchos lugares del planeta. Si hubiera que catalogar el mundo animal en especies tímidas, el flamenco se encontraría en los primeros puestos.



SALVADOR SALAS

Marta Luque tiene 61 años y desde 2001 es la encargada de organizar las visitas guiadas por la reserva. En esta época, tendría un colegio un día y al siguiente también: «El 12 de marzo hicimos la última excursión», señala y reconoce que lleva media vida entre flamencos. «Es un animal filtrador y se alimenta de los microorganismos que le van llegando», explica. Si tuviera que destacar una característica, la palabra que elige es «majestuosidad». «Es el rey de las aves», añade. ¿De dónde le viene el color rosado? «Uno de los pequeños microorganismos de los que se alimenta es la arthemia salina, que tiene una carotina que es la que le da el color a las plumas de sus cuellos. Si deja de comer ese microorganismo, el rosa desaparece de los cuellos».
La calma invade el escenario y todo parece ralentizado si se compara con la vertiginosa velocidad a la que avanzan las noticias relacionadas con la pandemia. El reloj biológico no se ha alterado aquí y la riqueza, tanto en flora y fauna, imprimen una sensación de seguridad que sabe a añejo y caduco. Pero el ciclo de la vida aquí se mantiene inalterado: a primera hora de la mañana siguen aterrizando de lugares cercanos los flamencos y ya no se irán de aquí hasta finales de septiembre, cuando sus crías aprendan a volar. «Ahora es la época en la que los flamencos empiezan a anidar», precisa el alcalde.
Y eso significa poder asistir en primera persona a uno de los ejemplos más antiguos de sostenibilidad. En estas lagunas y con estas aves se practica antes de que la palabra entrara en la agenda de los políticos. Los nidos que construyen los flamencos son como pequeños conos de barro. En la parte superior forman una pequeña hondonada en la que luego se introducen los huevos. La laguna de Fuente de Piedra es de los pocos lugares de Europa en los que estos animales anida.
Por un momento, la crisis del coronavirus desaparece de la conciencia y sucumbe al espectáculo que se está formando en el horizonte. Una cinta rosácea pero también algo blanca empieza a centellear. De repente, el cielo se convierte en un mar de llamas cuando el grupo de flamencos asciende al cielo y muestra sus alas rojas que no son visibles cuando están de pie.




Algunos puede que tiren para Doñana y también es posible que haya aves que se despisten y acaben en una de las playas de Málaga capital. Como ya ha pasado en la Misericordia, donde han sido avistados por los vecinos que se encuentran confinados. La naturaleza retoma su espacio, aseguran los más optimistas. En las lagunas de Fuente de Piedra no hace falta, ya es suyo. «Esto no es un zoológico. Menos mal», exclama Marta Luque.
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Publicado en Diario SUR.
Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.
Málaga 27 de abril de 2020.
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viernes, 24 de abril de 2020

Muere a los 64 años José María Calleja, que combatió a ETA con el periodismo









José María Calleja, en la presentación de un libro junto a Maite Pagazaurtundúa. / EFE
José María Calleja, en la presentación de un libro junto a Maite Pagazaurtundúa. / EFE

El COVID-19 se lleva a una voz lúcida que ejerció su profesión con valentía, libertad y una enome bondad

MIGUEL LORENCImadrid.
Combativo, lúcido, bondadoso y aferrado a la verdad como única certeza, sin amilanarse nunca ante el terror, sus cómplices y sus heraldos. Así era José María Fernández Calleja, Calleja para el planeta del periodismo, oficio en el que tocó todos los palos con su pluma y su voz, y que ETA quiso acallar amenazando su vida durante varias décadas. Lo hizo siempre con el mismo arrojo, sensatez, claridad y resistencia. Escritor, profesor, articulista con columna en Colpisa y analista político fajado en mil batallas, Calleja perdía ayer la lucha que llevaba varias semanas librando contra el coronavirus.
Su muerte ha causado un profundo pesar en los ámbitos periodístico y político, en los que se ganó el respeto de todos diciendo verdades como puños y si bajar jamás la mirada ni acallar su libérrima voz ante nada y ante nadie. Valiente y claro informador cuando otros no se atrevían a plantar cara a ETA y su entorno, se empeñó Calleja en llamar a las cosas por su nombre hasta el último momento. 'Diario de la fiebre' fue su última columna, distribuida desde Colpisa a los diarios de Vocento. En ella daba cuenta de sus rutinas «para vencer al bicho», de la soledad que a veces le atenazaba y de cómo cada tarde a las ocho aplaudía para dar ánimo a los sanitarios y a sí mismo. Su horizonte era retornar a la docencia en septiembre, un anhelo segado por el implacable COVID-19 tras pasar doce días en la UCI de un hospital madrileño.

Poner negro sobre blanco las siniestras estrategias y complicidades de ETA se convirtió en un empeño al que Calleja dedicó casi el grueso de su carrera y que le obligaría a vivir escoltado durante largos años. A alejarse del País Vasco que tanto amaba y rehacer su vida profesional en Madrid, donde alternó la televisión y la radio con el columnismo y el análisis en distintos medios.
La banda terrorista quiso acallar la pluma del columnista de Colpisa durante varias décadas
Vasco nacido en León el 16 de mayo de 1955 y criado en Valladolid, Calleja, padre de dos hijos, era licenciado en Historia, doctor en Ciencias de la Información y profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid.
Abanderado de la libertad desde joven, su lucha contra la dictadura lo convirtió en preso político del franquismo en los primeros 70.
Comenzó su andadura profesional a principios de los 80 en la delegación de la Agencia Efe en el País Vasco, desde donde saltó a la televisión pública, Euskal Telebista (ETB). Allí presentó el informativo principal en una de las etapas más sangrientas de la historia de ETA y se convirtió en diana para la banda. Calleja explicaba cómo entonces, al llamar «asesinos» a los etarras por primera vez desde el medio público, «los técnicos temblaban» y el presentador temía que le cortaran la emisión.
En su tránsito de la información diaria a la opinión, pasó a ser uno de los más acreditados tertulianos en los años de oro de este formato televisivo. Fiel a sí mismo, directo y combativo, brilló en todas las cadenas que reclamaban su presencia y al margen de su línea editorial. Hábil moderador en el debate político y apegado a la actualidad, entre 1999 y 2010 dirigió y presentó 'El debate de CNN+' y en 2011 colaboró en el magacín 'Las Mañanas de Cuatro'. En TVE participó en '59 segundos', en la Sexta en 'Al rojo vivo' y en Telecinco en 'El gran debate', donde colaboró entre 2012 y 2013.
Capaz de desenvolverse con soltura y en todos los medios, en la radio colaboró también en 'La brújula' de Onda Cero, 'Herrera en la onda' y 'Julia en la Onda', y en 2015 se convirtió en contertulio del programa 'Hoy por hoy' de la Cadena Ser.
Autor de una docena de libros, Fernando Aramburu, creador de 'Patria', explicaba en su adiós a Calleja que su libro 'Contra la barbarie. Un alegato en favor de las víctimas de ETA' le sirvió de «estímulo creativo» y le proporcionó «datos e ideas» cuando escribió 'Los peces de la amargura'.
«Un tío de primera»
El ensayo '¡Arriba Euskadi!, la vida diaria en el País Vasco', su retrato de la realidad de la sociedad vasca -sumida, según Calleja, en «una radical esquizofrenia»-, le procuró en 2001 el Premio Espasa. 'Lo bueno de España', una reflexión sobre los hechos históricos, las iniciativas y los personajes que nos permiten sentir «un orgullo razonable de nuestro país» fue su último título, publicado en febrero pasado. Para Calleja, era «un elogio de la democracia española» contra los que quieren borrar «los aspectos de los que los españoles podemos sentirnos razonablemente orgullosos en nuestra historia más reciente».
Las reacciones no se hicieron esperar. Desde Pedro Sánchez a Pablo Casado y el resto del arco parlamentario a periodistas como Julia Otero, Arsenio Escolar, Pepa Bueno, Montserrat Domínguez, Fernando Garea o el presidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), Nemesio Rodríguez, destacaron de Calleja su honestidad y su valía profesional. «Gracias por todo lo que nos enseñaste, por la altura ética de lo que dijiste y la dignidad humana de lo que callaste. Por ser un tío de primera. Hasta siempre, querido amigo», escribió en Twitter el expolítico vasco Eduardo Madina.
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Un entrañable amigo




Un entrañable amigo

JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ URIBES
Vi por última vez a José Mari Calleja en la presentación del documental 'Lagun y la resistencia frente a ETA' en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Fue a mediados de febrero. Tras la película, José Mari estaba muy emocionado, conmovido por una historia que él vivió en primera persona. Y nos abrazamos, como hacíamos siempre que nos encontrábamos, pasara el tiempo que pasara. Hoy salgo de la reunión telemática del Consejo de Ministros de la Unión Europea y me informan de su fallecimiento. Me cuesta creerlo. Me cuesta aceptarlo.
Conocí a José Mari a finales del siglo pasado, a través de Gregorio Peces-Barba, e intensificamos nuestra relación en los años en que fui director general de apoyo a víctimas del terrorismo, entre 2005 y 2011. Siempre estuvo a nuestro lado. Nunca tuvo dudas acerca de la buena fe y la determinación de un gobierno, el de Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba, para acabar con el terrorismo y honrar y reconocer a sus víctimas. Nos ayudó mucho porque además no era sospechoso: era indubitado, siempre fue valiente, nunca dejó de estar frente a ETA y a toda violencia fanática, viniera de donde viniera. Tenía una enorme fuerza moral, unas firmes convicciones democráticas que se habían forjado en los últimos años del franquismo y la lucha universitaria.
José Mari además era brillante, ocurrente, inteligente, divertido, piquito de oro. Y un excelente profesor universitario. Muy pedagógico y querido por los estudiantes, desayunábamos juntos en ocasiones en la cafetería de la universidad Carlos III con nuestra común amiga María Eugenia Rodríguez Palop. También viajamos a América Latina, con otros amigos, compañeros y colegas como Rafaela Romero, Maixabel Lasa o Txema Urkijo, para explicar qué era en verdad ETA y su incompatibilidad con la democracia, la libertad, el Estado de Derecho y los Derechos Humanos. Me va a costar mucho aceptar su pérdida. Me cuesta ya mucho seguir escribiendo… No puedo más.
¡Descansa en paz, querido y entrañable amigo! Nunca te olvidaremos.
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Publicado en los Diarios SUR y El Correo.
Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.
Málaga 24 de abril de 2020.
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jueves, 16 de abril de 2020

Iris Zavala, adiós a la sabia heterodoxa

Fallece a los 84 años la intelectual, poeta y feminista puertorriqueña, doctora honoris causa por la Universidad de Málaga, a la que legó su biblioteca










Iris Zavala firma algunos estudios esenciales sobre la historia de la literatura hispánica y el feminismo. /SUR
Iris Zavala firma algunos estudios esenciales sobre la historia de la literatura hispánica y el feminismo. / SUR










Antonio Javier López

ANTONIO JAVIER LÓPEZ
«De haber nacido hombre, incluso de haber nacido en España, hubiera sido considerada como una de las grandes voces en la renovación del estudio de la literatura, del feminismo, de la poesía, incluso. Pero ella era latinoamericana y mujer«. El eco de la frase resuena unos segundos al otro lado del teléfono, donde la catedrática de la Universidad de Málaga (UMA) y magistrada del Tribunal Constitucional, María Luisa Balaguer, desgrana la vida y la obra de esa mujer dueña de »un cuerpo menudo que parecía arañado por los años, pero ante el que destacaba con altivez su carácter«. Lo escribe la propia Balaguer en las páginas finales de 'Que nadie muera sin amar el mar' (Huso), la palpitante biografía con la que quiso reivindicar el legado de Iris Zavala, fallecida hace unos días en Madrid a los 84 años.
Hispanista, poeta, teórica y practicante del feminismo liberalizador y autora de algunos estudios fundamentales para comprender la literatura española, Zavala (Puerto Rico, 1936) estrecha sus lazos con Málaga a través de su vínculo con la UMA, de la que fue nombrada doctora honoris causa 2002 y a la que legó su imponente fondo bibliográfico que puede consultarse en la Facultad de Filosofía y Letras.
La vidas de Zavala y Balaguer se cruzaron, justo, en unos Cursos de Verano de la institución académica. La hispanista ya estaba débil de salud y su conferencia final la leyó una colaboradora. A Balaguer le impresionó tanto, que pidió una copia de la ponencia para poder conservarla. "El tiempo fue mandando –recuerda la magistrada– y años más tarde, cuando estaba preparando un libro sobre la mujer y la Segunda República, recordé el asunto del exilio y aquella conferencia y me dije 'Tengo que escribir la biografía de esta mujer'".
"Pensé que tenía que rescatar esa figura y darla a conocer –sigue Balaguer–, porque para las mujeres y los hombres feministas es importante señalar el hecho de que una mujer haya sido muchísimo menos conocida y reconocida que muchos hispanistas y catedráticos que no tienen ni la cuarta parte de la obra de esta mujer". Una obra con medio centenar de títulos que encuentra algunos de sus puntales en los tres tomos de la 'Historia social de la literatura española' firmado junto a Carlos Blanco Aguinaga y Julio Rodríguez Puértolas y en su 'Breve historia feminista de la literatura española', por citar los ejemplos más palpables.
Porque la obra de Zavala surge diversa como sus propias inquietudes. Y así, a la hora de buscar unos puntos cardinales donde situar sus aportaciones, Balaguer se decanta por cuatro flancos: el estudio de la literatura hispánica, el afán liberador de los pueblos oprimidos a lo largo de la Historia, la reivindicación del origen caribeño del modernismo a través de la figura de Rubén Darío y su feminismo "heterodoxo".

Pasión literaria

A Zavala le vino la pasión por la literatura española tras los lazos que estrechó en su isla natal con autores exiliados como Pedro Salinas y Francisco Ayala. A España arribó sin recursos económicos, pero plena de coraje. Vivió en la casa de la familia Unamuno –fue una de las mayores especialistas en la obra teatral del escritor– y desde allí desplegó una actividad académica que le llevó a la Cátedra de Literatura Hispánica en la Universidad de Utrecht, la Cátedra de Estudios Latinoamericanos de la Unesco en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y la Cátedra Ramón Llull de la Universidad de las Islas Baleares, entre otros destinos.
Junto a su vertiente académica, Balaguer pone el acento en dos facetas de la obra y el pensamiento de Zavala: sus poemas y su reflexión feminista. "Combate mucho el feminismo de Estado, porque para ella el feminismo es un movimiento liberalizador ligado al futuro de los pueblos. El feminismo hace que una mujer tenga que liberarse y para ella esa liberación no es diferente de la que tienen que emprender, por ejemplo, los pueblos del Caribe. Se trata de un feminismo muy impugnador del feminismo oficial", sostiene la magistrada.
Y ese afán contestatario, poco complaciente, también se cobró su precio a la hora de valorar su trabajo. "Quiero que su obra se difunda y se lea –escribe Balaguer en 'Que nadie muera sin amar el mar'–, que se adivine en ella la gran fuerza que sale de esas letras, que, como la poesía sobre el barro y el mar, se impongan a una realidad de hoy tan banal y que tantas palabras extravía. Que luzca su valentía por cada paso con que se mudaba de una geografía a otra, buscando siempre la sabiduría de los maestros, algunos de los que seguramente aprendieron de ella. Más les valdría, porque lo que Iris puede traer a nuestra vida, siguiendo su huella liberada, su luminosidad y su audacia, superan en mucho lo que viene en los libros".
"Pero nadie valora la heterodoxia –cierra Balaguer–. La impertinencia. Y la mirada inquisitiva desde el margen. Nadie puede creer que esta concepción de la vida sea impune". Bien lo supo Iris Zavala.
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Publicado en Diario SUR.
Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.
Málaga 17 de abril de 2020.
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Sin encomendarme a Dios ni a Lucifer, solo considerando que este reportaje de Antonio Javier López merece ser acompañado por algún poema de Iris Zavala he entrado en Wikipedia a través de Google consiguiendo las composiciones que copio y pego a continuación.:
Victoriano Orts Cobos. 

POEMAS PRESCINDIBLES (Puerto Rico-New York 19971)
Sonrisa mentira cohetes
abre sus brazos de animal
acuático
o anaconda atrapado
el soldado
de Minesota Filipinas San Juan
negro criollo all american
irracional
enorme gato amaestrado
que hunde sus uñas
perfumadas y sinuosas
en tibia carne
de otro hombre
voz incomprensible
en este mundo cuadriculado.
***
No es de hombres esta ciudad
vertical y erguida
aquí no hay sonrisa
la voz no llega a los oídos
el calor sale de estufas inmensas
y sólo llega al departamento de
Park Avenue.
Los treinta centavos del metro te
llevan a una boca oscura
donde un hombre chupa whiskey
mientras el policía vigila y sonríe.
La vieja puertorriqueña vende flores
ajadas –flores de papel que envuelve
en una bolsa también de papel-
cubierta por un impermeable
de dos botones
(uno gris y otro verde).
Los muchachos de cabellos
largos y sucios
y botas altas
(también sucias)
ensayan una estéril e irrisoria protesta
(que sólo es rebeldía grosera y maloliente).
En el Village
pasea su petulancia y su vacío.
Habla de Viet-Nam
de España
(no conoce el dolor de España)
Aunque ha visto To Die in Madrid
y quizá discuta a Buñuel).
No, no es de hombres esta ciudad
aquí te pierdes
¡hay tantas formas de callar!
Sientes un dolor viejo y profundo
(el de toda raza oprimida)
y simpatizar con Cuba no te hace más decente
ni escribir
o explicar.
No, no es de hombres esta ciudad.
Si no te vas, hermano, si no huyes
dejarás aquí tu humanidad.
***
Llueven afilados cristales
que Tiffany
anuncia en cuarto de página
palabras palabras palabras
que un rostro sonriente
todo rubio
ojos cabellos y mirada
escribe
parker reluciente
el hombre enemigo del hombre
hoy león acorralado
oso de circo
monociclo trapecio aplauso
vivan las cadenas
cristo ensangrentado
en inmensas avenidas
árboles y flores de diamante
cifras máscaras museos que cubren
un Guernica raído
que conoce el dolor
y aún tiene sangre en sus manos
como el mural de Cortés.
***
A José Gaos
Cinco millones de habitantes
no te conocieron
en aquella cúpula
de tierra de cinco mil
pies de diámetro
tan alta y transparente
que ya no se veía
en aquella ciudad
que no daba cabida a nadie
donde no hubo un
monumento
(solo en Tlatelolco
los hombres se supieron
sombras, cadenas, yugos
y acribillados murieron
despiertos)
en el barro de aquellas
calles
los crímenes y los muertos
gimen
también la tuya
desconocida
sin postes ni telégrafos
ni periódicos
ni teléfonos
oscura indulgencia
hoja olvidada del
diario de un dictador.
***
1968
De pie, firme en la tierra
lleno de manos y sudor
que enormes cañones azules
no creados por Chagall
ni siquiera por Kate Kollowitz
espera el hombre aquel
que la muerte desate sus contornos
abarcando la hermosa sombra
que en Boul Miche
y en la plaza
de 1789
o era de 1519
fatigados de vientos y aspas
en un crepúsculo rojo
ataviado prodigioso funesto
donde enciende el fuego de la muerte
y derrama
una voz que aprisiona el mundo
hágase la paz
del otro mundo
que de este
no es su reino.
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sábado, 11 de abril de 2020

¿La pandemia nos volverá más solidarios con el tercer mundo?

Los expertos se muestran convencidos de que, a partir de esta crisis sanitaria, seremos más sensibles con los que sufren... aunque estén lejos: «Hemos descubierto que las cosas que tenemos no son para siempre y que de la noche a la mañana lo podemos perder todo»






¿La pandemia nos volverá más solidarios con el tercer mundo?
ILUSTRACIÓN: LAURA RICO

SOLANGE VÁZQUEZ
A veces hace falta un bofetón de realidad para que una sociedad espabile. Y vaya si nos lo han dado en las últimas semanas. Nos sentíamos tan seguros en nuestro entorno que los problemas del llamado tercer mundo los veíamos como una preocupación difusa, amortiguada. Epidemias descontroladas, hambrunas, falta de artículos básicos, muertos por doquier, morgues improvisadas... todo esto nos quedaba muy lejos, casi como si ocurriese en otro planeta, ¿verdad? Pues ahora lo tenemos en casa.
Y, bueno, no es que antes fuésemos del todo insensibles con los países que sufrían estos problemas. Ahí están los ciudadanos que son socios de las ONG y los voluntarios que trabajan para ellas. Pero la verdadera empatía con el tercer mundo, el ponernos realmente en su lugar, es un fenómeno nuevo para nuestra sociedad y tiene fecha de nacimiento: el 14 de marzo, cuando se decretó el estado de alarma y vimos que esto iba en serio, que las costuras de nuestro sistema sanitario amenazaban con reventar por todos los lados y que miles y miles de personas no iban a vivir para ver el fin de esta pesadilla.
La pregunta ahora es:cuando esto termine (esta es la frase más repetida de las últimas semanas), dado que le hemos visto las orejas al lobo de la manera más cruda, ¿nos volveremos más solidarios con el tercer mundo, al constatar que todos somos vulnerables, o nos replegaremos sobre nosotros mismos y nos miraremos aún más el ombligo, pensando que bastante tenemos con lo nuestro?
Hay una discutida teoría del nobel Richard Thaler –controvertida porque no demuestra mucha confianza en la capacidad de discernimiento del ciudadano de a pie– que sostiene que, para cambiar la conducta de los individuos, es necesario variar su entorno (por ejemplo, si pones una máquina de 'vending' con fruta, la gente la comerá; si no, no). Así que, dado que nuestra vida se ha quedado patas arriba con la pandemia, es de suponer que el cambio de escenario puede traer una 'mutación'. Así lo creen los expertos y los responsables de las ONG.
«La solidaridad como respuesta colectiva ante lo que está ocurriendo se está dando, sobre todo, desde que el problema se ha convertido en una crisis que nos afecta directa y personalmente –afirma María Silvestre Cabrera, socióloga de la Universidad de Deusto–. Cuando el problema era chino, nuestra preocupación era relativa. Cuando el problema era italiano, nuestra preocupación pudo incrementarse algo porque los vínculos eran más próximos». Pero, tras la pandemia, es probable que nuestra percepción de los problemas 'lejanos' cambie, afirma la experta. «El hecho de que vivamos en primera persona las consecuencias de esta crisis sanitaria, desde un confinamiento desconocido hasta ahora, nos activa una mayor preocupación y solidaridad hacia las personas que viven en situaciones de mayor vulnerabilidad».
Para ella, ya es una muestra de solidaridad la buena respuesta que la mayoría de la población ha dado al confinamiento. Pero, ojo, hay expertos que advierten de que ese aislamiento debe quedarse sólo en una medida sanitaria y no convertirse en un 'leit motiv' geopolítico. «El que unos países actúen aislados de otros amenaza el progreso y la prosperidad de la humanidad en su conjunto», ha manifestado esta misma semana el activista namibio Eddie Ndopu, uno de los defensores del desarrollo sostenible nombrados por la ONU.
De eso llevan años avisando desde Médicos Sin Fronteras. Curtidos en mil epidemias (ébola, sarampión, SARS, MERS, tuberculosis, cólera...), continúan estas semanas con su labor en distintos puntos del planeta, pero han incorporado España a su listado de escenarios críticos donde ellos saben moverse como pez en el agua. Lo han visto demasiadas veces, aunque no aquí, claro. En estos momentos, se centran en llegar a donde el sistema sanitario no puede y en crear estructuras provisionales para acoger enfermos. Para ello, han creado el Fondo Crisis Coronavirus. «Las aportaciones se destinarán a la respuesta directa a la pandemia, entre otros países, en España», explican en la organización. «La sociedad española siempre se ha mostrado muy solidaria, hemos tenido movilizaciones masivas ante catástrofes naturales o crisis humanitarias y esto se está repitiendo esta vez», explica David Monllau, director de Captación de Médicos sin Fronteras. ¿Y ese apoyo se está traduciendo en más donaciones? «Aún no nos es posible hacer una estimación. Si tomo como referencia la crisis económica de hace unos años, la verdad es que, incluso en los peores momentos, no dejamos de sumar apoyos», indica.
Desde Unicef comparten esta percepción optimista del ser humano ante la adversidad. «Vivimos en un país que sufrió una guerra civil. Nuestra generación dispone de una resiliencia genética heredada de nuestros abuelos y abuelas, padres y madres, que no solo sobrevivieron a esa guerra sino que ayudaron a construir la sociedad del bienestar que hoy tenemos –argumenta Isidro Elezgarai, patrono del Comité Español de Unicef–. Ahora, de pronto, el primer mundo se ha dado cuenta de lo que es la sensación de vacío al perder la red de seguridad en la cual se creía a resguardo. Hemos descubierto que las cosas que tenemos no son para siempre, como la vida misma, y que de la noche a la mañana lo podemos perder todo y convertirnos en esos emigrantes que, acompañados de sus hijos e hijas, huyen de la guerra y la miseria».
Los campos de refugiados donde la COVID-19 puede causar mayores estragos, los africanos que pese a la situación de España siguieron aventurándose en patera para alcanzar nuestro país, en plena pandemia... Para ellos, este virus es una muesca más en su maltrecha existencia. Desde Acción Contra el Hambre recalcan que «esta enfermedad no entiende de pasaporte ni fronteras, por eso hay que trabajar globalmente». Así lo hacen ellos en medio centenar de países y también en España, claro. Ahora somos uno más. ¿Llegaremos a olvidarlo con el tiempo? «Cuando salgamos de esta crisis, que lo haremos, tendremos que elegir –ha advertido el portugués António Guterres, secretario general de Naciones Unidas–. Podemos volver al mundo tal cual era antes o podemos ocuparnos decididamente de esas cuestiones que nos vuelven a todos vulnerables a las crisis».





Las ONG piden la 'X solidaria' en la declaración de la renta
Las ONG han pedido a los ciudadanos que este año marquen la casilla de fines sociales en su declaración de la renta, la conocida como 'X solidaria', con la que destinan el 0,7% del IRPF a los programas que desarrollan, porque es un gesto que pueden hacer «sin salir de casa ni poner en riesgo a nadie» y porque de esta manera ayudarán a las personas más vulnerables, a las que la crisis del coronavirus «está afectando de manera más impactante».
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Publicado en Diario SUR.
Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.
Málaga. 11 de abril de 2020.
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