lunes, 28 de septiembre de 2020

"No estamos capacitados para soportar lo que los demás piensan de nosotros"

 

«No estamos capacitados para soportar lo que los demás piensan de nosotros»

Juan Jacinto Muñoz Rengel. /SUR
Juan Jacinto Muñoz Rengel. / SUR

Muñoz Rengel desteje en su nuevo ensayo la red de mentiras con las que convivimos: «El engaño existe allí donde hay vida»

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ
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La mentira, repudiada socialmente, está instalada en la política y el arte, en la religión y en la naturaleza, pero también en nuestras relaciones personales y hasta en la imagen que devuelve el espejo. Pocos mecanismos sufren una paradoja similar. Despreciada pero utilizada por todos, la historia del engaño se remonta tan atrás como la historia de la propia vida. En ella ha buceado Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974) para construir 'Una historia de la mentira', un deslumbrante ensayo editado por Alianza que desteje la red de simulaciones agazapadas en planos tan dispares como la ciencia, la economía, la muerte o el amor. El autor de 'El gran imaginador' ha vuelto esta semana a las librerías para ofrecer «una arriesgada apuesta por desvelar la verdad» de tanto simulacro. Aunque parezca mentira.

–¿Está sobrevalorada la verdad?

–Desde el principio del pensamiento. Ya en la filosofía platónica, la verdad con mayúscula era una verdad inalcanzable. Durante muchos siglos hemos creído que la verdad es un ente existente cuando en realidad es probable que nunca sepamos qué es eso tan abstracto que llamamos verdad. No es más que un horizonte que perseguimos mediante nuestra red de mentiras.

–¿Podríamos soportar la convivencia sabiendo lo que de verdad pensamos unos de otros?

–Parece bastante complicado. No creo que estemos capacitados para soportar lo que los demás piensan de nosotros. Es más: el mecanismo de autoengaño existe porque ni siquiera podemos soportar lo que pensamos de nosotros mismos. A todos nos ocurre que, en un momento de lucidez o cuando nos hemos tomado dos copas, de repente nos vemos más viejos o más gordos en el espejo. Pero no ocurre a diario porque entrenamos la mente para ocultarnos cosas. Para vivir en sociedad tenemos que mentir. Si no mintiéramos, no podríamos articular la convivencia. Cualquier forma de protocolo o educación mínima pasa por la mentira. Hay gente que dice: «Yo siempre digo la verdad». Bueno, igual eres un maleducado.

–En el libro recuerda que la buena educación radica precisamente en nuestra capacidad de modular el engaño.

–Claro, pero parece que hay gente que se mueve entre blancos y negros. Nadie va «con la verdad por delante», como suele decirse: en todo caso, será una pulsión que nace y sueltas sin filtro. Y eso se llama mala educación. La necesidad de convivencia ha configurado una sociedad que utiliza procedimientos para no atropellarnos unos a otros.

–Sin la mentira no habría arte, religión, política... No existiría el mundo como lo concebimos. En su ensayo se remonta a una mentira primigenia, antes incluso del lenguaje.

–Para coger perspectiva me interesaba bajar a las bases. El ser humano miente mejor que cualquier otro ser vivo, pero hay muchas otras especies que mienten. La propia naturaleza miente. La mímesis que adopta una planta para parecer peligrosa, carnívora o atractiva a una abeja ya es un intento de engaño. La mentira está en todo el mecanismo evolutivo: existe allí donde hay vida.

–La selva está llena de engaños.

–Cualquier camuflaje es una mentira. Un animal que se hace el muerto para protegerse está mintiendo: intenta engañar a su depredador para que lo ignore. La naturaleza está llena de trampas. También los animales acuáticos reproducen combinaciones químicas que están destinadas al engaño: un pulpo arrojando la tinta, por ejemplo. Y esto ocurre porque nos movemos entre enemigos.

–Esa simulación animal tiene objetivos naturales, pero los humanos hemos convertido la mentira en algo sofisticado.

–Lo grande del ser humano es su capacidad de hacer ficción. Igual que cualquier otro animal desarrolla para sobrevivir desde tentáculos hasta fauces o garras, los humanos hemos desarrollado nuestra capacidad para mentir. Y desde ahí crece la inteligencia, que no es más que la capacidad de mentir en distinto grado. Eso engloba la creación, las hipótesis, las estrategias, las proyecciones, las simulaciones... Son grados de mentira. De ahí nace todo. La religión es un accidente de nuestra inteligencia, como el arte. Cuando el ser humano desaparezca no quedará nada del arte ni de la religión: sin nosotros no serán más que ruinas porque no hay ninguna otra especie en la naturaleza que interprete esos aparatos ficcionales. Pero algunos de estos accidentes derivados de nuestra capacidad de mentir son inocuos y otros son perjudiciales.

–¿Es dios la mayor mentira de la historia o la más perjudicial?

–En un sentido filosófico, es la mentira de mayores dimensiones. En un sentido histórico, las religiones han matado a millones de personas. Pero ha habido otros muchos impulsos, desde el racismo hasta algunas ideologías, que también han matado a mucha gente.

–¿En qué se diferencian las religiones de las supersticiones?

–La superstición es más de andar por casa. Está menos organizada. Son rituales que creemos que tienen poder sobre la realidad: «Me voy a poner esta prenda porque me da suerte». Es algo azaroso que convertimos en normal, un planteamiento ingenuo. La religión acapara el poder, quiere tener el monopolio de la mentira. Las supersticiones se expanden pero no se imponen; las religiones pretenden imponerse. Ha ocurrido a lo largo del tiempo: los creyentes han querido imponer normas y dioses a los no creyentes. Son mentiras dominantes. Por eso las religiones son más peligrosas que las supersticiones.

–También señala que el ateo miente cuando asegura que dios no existe. ¿Nadie se libra de la mentira?

–Claro, no se puede librar nadie que pretenda alcanzar la verdad porque es inalcanzable. En términos absolutos, ser ateo es un acto de fe equivalente a ser creyente. Quien asegure que dios no existe nos está engañando o se miente a sí mismo. La alternativa sería el agnosticismo: puedes no creer en dios pero no saber que no hay un dios. El ser humano no puede saber qué hay al otro lado. Somos un pequeño experimento en medio del cosmos. Tenemos herramientas muy pobres.

–¿Y qué hay de las mentiras económicas?, ¿no es la acumulación de la riqueza otro engaño?

–La mentira está incrustada en la economía antes de la invención de la moneda, desde el propio trueque: el comerciante intenta vender algo simulando que su valor es mayor del que realmente es. En los mercados, las mejores frutas están delante y las peores, las más feas, detrás. Con la invención de la moneda, empezamos a poner precios a las cosas. Y eso ya es una mentira. La especulación financiera hunde sus raíces en las imposiciones mentirosas sobre lo que tiene valor o lo que no. Eso puede hacer que una huerta de tomates no valga nada, valga el doble o valga la mitad que el año anterior. Y no depende de quien los cultiva los tomates ni de su trabajo, sino de la especulación que arma una ficción en torno a lo económico. Imagina que se cayeran todos los servidores y dejara de haber electricidad. La ficción económica se desplomaría. La acumulación de riqueza dejaría de existir.

–Porque son dígitos en una pantalla. No es dinero real, tangible.

–Claro. La acumulación es una ficción. Nadie tiene un palacio lleno de billetes donde se bañe todas las mañanas. Son entes ficticios que se mueven en cuentas bancarias. Que unas cuantas familias tengan buena parte de la economía del planeta es una invención que podría borrarse de un plumazo.

–Abre el libro con una cita de Feuerbach que dice que la simulación es la esencia del mundo actual, pero usted sostiene que la opinión es el eje de la era moderna.

–Lo que ha pasado con las redes sociales es decepcionante. Nacieron para democratizar la libertad de expresión y se han convertido en un montón de gente gritando contra una pared. Todo el mundo tiene muchas ganas de opinar, pero hay poca gente interesada en aprender, informarse y escuchar. La opinión, como decía Platón, es la forma más baja de conocimiento. Es barata de producir, un impulso básico y rudo. En las redes se confunde la igualdad que nos ampara a todos con la creencia de que todas las opiniones valen lo mismo. Y no: todos somos iguales ante la ley, pero un virólogo tiene una opinión más valiosa sobre el coronavirus que un carpintero, y si habláramos de la fabricación de sillas, el poder se invertiría. La falsa democratización nos ha llevado a pensar que todo vale lo mismo.

–¿También mentimos cuando publicamos un tuit lamentando la muerte de alguien y en unos segundos estamos entretenidos en otros asuntos?

–En las redes siempre hay superficialidad, eso que llamamos postureo. Cuando decimos lamentar la muerte de alguien, en parte corresponde a un sentimiento sincero y a la vez estamos pensando en otras cosas. En los entierros siempre hay bromas. Ocurre porque tenemos que seguir con la vida. También ahí modulamos nuestra capacidad de mentir.

–Pero todos tenemos emociones a veces contradictorias. La exigencia de una honestidad mal entendida sería complicada de gestionar.

–Estamos llenos de contradicciones. Puedes tener pensamientos negativos cuando estás alegre, y al revés. Vamos tirando como podemos. Estamos sometidos al tiempo y el cambio. Todo se transforma.

–También cita a Calderón: «Que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son».

–Hay mucha literatura sobre la realidad como simulacro. Ahí están la obra de Philip K. Dick o la película 'Matrix', ficciones que plantean que lo que vemos es sólo una capa de lo que hay. Nuestra vida, la forma en la que decoramos nuestra casa, el trabajo que buscamos, los amigos que tenemos, no son más que un pequeño decorado en el que resistir unos años. En otra época y otro lugar, nuestra vida sería muy distinta.

–Si todo es mentira, y esta afirmación sería a su vez otra mentira, ¿qué queda?

–Es cierto que cuando uno habla en estos términos parece que no queda nada, ni siquiera la posibilidad de decir que todo es mentira. Pero queda esa voluntad casi utópica que tenemos los humanos de seguir el horizonte, y poco a poco hemos ido consiguiendo una vida mejor para millones de personas, creando una medicina que salva vidas... Mi sensación es que todo este recorrido de mentiras levanta una pirámide que crece hacia alguna parte. Tal vez estas mentiras configuren algún día una mentira superior, fuera del alcance de nuestra comprensión actual, que al fin dé algún sentido a lo que hacemos.

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Publicado en Diario SUR.

Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.

Málaga 28 de septiembre de 2020.

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miércoles, 23 de septiembre de 2020

¿Cómo se pinta un pájaro?

 

Cómo se pinta un pájaro?

Un águila pasó rozando la cabeza de Iñaki Díez... y la 'cazó' con acuarelas

Águila Real volando. Acuarela de gran formato. (160x105 cm.)/IÑAKI DÍEZ
Águila Real volando. Acuarela de gran formato. (160x105 cm.) / IÑAKI DÍEZ
Isabel Ibáñez
ISABEL IBÁÑEZ

Un piquituerto se posó una vez en la bota del pintor Iñaki Díez Cortaberría (Madrid, 1965). Llegó atraído por el sonido de la flauta que tocaba sentado en el umbral de la puerta de su refugio, en un pueblecito de Guadalajara rodeado de monte cuyo nombre calla. «El pájaro se fue acercando hasta que en un impulso incontrolado salió volando desde el tilo protector y fue a posarse directamente en mi pie. Me quedé paralizado, incrédulo de lo que estaba viendo. ¡Tenía un piquituerto, un macho rojo como un diablo, posado en la punta de mi bota! Durante unos segundos mágicos se cruzaron nuestras miradas, la mía atónita, la suya inquisitiva. Podía sentir en la puntera de mi bota sus dedos moviéndose para afianzarse en ese nuevo y extraño posadero. Y al rato, como ya no sonaba ese sonido irresistible que le llamó a intimar de esa manera tan atrevida con un humano… se fue. Estuve tocando la flauta media hora más, intentando que se volviera a repetir ese momento mágico, pero algunas cosas solo pasan una vez en la vida». Así lo cuenta él, con esa forma poética de narrar que tienen los que aman la naturaleza y viven aferrados a ella. Y decidió que tenía que inmortalizar con sus pinceles ese momento.

Le han pasado a Iñaki unas cuantas de estas. Ahora mismo, el Museo Nacional de Ciencias Naturales de la capital, con el que lleva colaborando más de tres décadas, ha organizado una gran exposición con más de 100 acuarelas y dibujos suyos, la mayoría aves y algunas de gran formato, que se titula 'Pájaros en la cabeza'. Iñaki es de esas personas que son muchas a la vez: pintor e ilustrador científico, flautista aficionado por influencia de su madre, una pianista vasca, hasta que una fatídica distonía (trastorno del movimiento que causa contracciones involuntarias de los músculos y que suele afectar a los músicos) se lo puso muy difícil... y veterinario de profesión. De hecho es así como se gana la vida, 25 años ocupándose de los animales de este entorno privilegiado, vacas y ovejas fundamentalmente, pero también algún que otro perro y gato, aunque desde hace dos años, por cosas de la vida, desempeña su labor en Madrid, donde reside.

El águila real

Las ideas sobre qué animal pintar suelen llegarle por vivencias que le sorprenden. Paseaba por las crestas de una montaña cuando un águila real descendió de los cielos y pasó sobrevolándole, rozando su cabeza con las alas, moviendo el aire alrededor: «Parecía que me iba a caer un misil encima. Fue a coger un corzo pequeño y despegó de nuevo. Quedé muy impresionado. Ahí pensé que tenía que dibujarle así, despegando». Generalmente, busca en Internet una o varias fotos de lo que quiere pintar y de ahí, junto a la observación y la idea que quiere transmitir, surge la composición. Y de ahí nació la que es la estrella de la exposición, un águila real, la que centra este reportaje, pintada en acuarela. Para tener este cuadro en casa ha de ser una vivienda grande, pues mide 1,60 metros de ancho, el animal pintado a tamaño natural, porque, para el que se interese, vende sus obras. Hay una que realizó por encargo para la portada del libro de un amigo que muestra a un tipo de saltamontes con una de sus extremidades mutada en pierna de mujer con tacón, la 'Metamorfosis' de Kafka pero al revés, «solo una curiosidad, un divertimento, el 90% son aves y luego hay algunos mamíferos». También paisajes que dibuja del natural. Vivir en un pueblo en medio del monte, y sin televisión, le ha dado mucho tiempo para practicar su segunda profesión, el dibujo y la pintura, «y además había temporadas en las que apenas tenía trabajo como veterinario, con los animales en los pastos de altura, y solo urgencias por algún perro. Los inviernos son duros allí, me meto en casa y no hago otra cosa». Es posible verle en acción en un vídeo disponible en YouTube con solo teclear su nombre y dos apellidos. Resulta placentero verle preparar un hatillo con pinceles y pinturas frente al fuego de la chimenea, metiendo carpetas en la mochila, y saliendo al monte nevado en busca de sus 'presas'. Se sienta en una roca, saca los bártulos y lo mismo dibuja el atardecer que un zorro. De vuelta al hogar, en el caballete, se le ve dando forma al imponente águila real. Y todo esto con el sonido relajante del duduk, una especie de oboe armenio –que Iñaki también sabe tocar–.

Alcaudón real. Acuarela (35x47,5 cm.)
Alcaudón real. Acuarela (35x47,5 cm.) / IÑAKI DÍEZ

Las golondrinas

Para la exposición del Museo de Ciencias, le pidieron que acompañara algunos de sus cuadros con las historias, las experiencias que los habían inspirado. Aquí va otra de ellas: «De pie, pinceles y paleta en mano, frente al lienzo, intentando entender por qué el pájaro que estaba pintando no acababa de mirarme cuando, sin previo aviso y con total naturalidad, entraron por la puerta abierta del estudio dos golondrinas que, tras darse un vuelo de reconocimiento por la estancia, se quedaron a dos palmos de mi cara; y aleteando en el sitio y mirándome a los ojos comenzaron un diálogo entre ellas –y quizás conmigo– que me dejó paralizado y con la boca abierta durante no pocos segundos. A ojos de una persona fascinada por el mundo animal este episodio se entendería como un claro intento de comunicación entre especies. Me vinieron a la mente lecturas de la infancia, las novelas en las que el Dr. Dolittle podía hablar con los animales, y me sentí de una gran torpeza por no ser capaz de entender lo que claramente me estaban intentando decir esas dos golondrinas. Durante esa mañana entraron dos o tres veces más en el estudio a intentar comunicarse conmigo… O quizás simplemente estaban buscando un lugar apropiado para poner el nido… Pero ¿por qué se paraban delante de mis narices y no paraban de canturrear? Con el tiempo me convencí de que quizás lo importante de esta vivencia no fue entender qué decían las golondrinas sino más bien tener la certeza de que me estaban diciendo algo a mí».

Iñaki participa del megaproyecto denominado 'Fauna Ibérica' que trata compilar, a través de ilustraciones e información, todas las especies animales que habitan nuestro país. «Es mastodóntico e implica a un montón de ilustradores de toda España. Está inacabado, queda mucho. Ahora está todo parado, pero es una obra pilar, fundamental».

– ¿Por qué seguir haciendo dibujos, ilustraciones, con la fotografía y el vídeo tan adelantados tecnológicamente?

– La ilustración, el dibujo, tiene una ventaja frente a la foto y el vídeo, aunque son complementarias, pero el pintor ha visto esas imágenes y las ha interpretado, te puede mostrar lo que él ha visto, y eso facilita la comprensión de ese animal. Puedes hacer un corte sagital de un insecto o una montaña para mostrártelo por dentro. Y con la pureza de las líneas todo es más fácil de comprender para el que lo ve.

Ampelis europeo. Acuarela (45,7x35 cm.)
Ampelis europeo. Acuarela (45,7x35 cm.) / IÑAKI DÍEZ

El roquero rojo

Asegura que entre las ventajas de vivir en un espacio natural, bien conservado y con pocos humanos a la vista, están los encuentros con fauna salvaje cuando sale de paseo. Si siempre es a la misma hora y por el mismo lugar, puede ocurrir que uno se tope siempre con el mismo 'personaje', «individuos que aprendes a reconocer y a los que inconscientemente buscas como si de una cita se tratase». Eso le pasó con un roquero rojo «que cantaba al atardecer en un cresterío rocoso cerca de casa, subido a un pináculo de roca, cantando a pleno pulmón su canción al valle entero». Sigiloso, Iñaki se acercó lo más que pudo, montó su telescopio y disfrutó de su plumaje encendido. «Volví a la cita con el roquero varias tardes más. Siempre a la misma hora, siempre en la misma piedra. Me quedaba observándolo hasta que el sol iba bajando y el frío nos hacía volver a los dos a refugios más cálidos».

Así, Iñaki pintó aquellas crestas rocosas coronadas por el roquero que les aportaba luz y color. «La vuelta a casa, entre dos luces, siempre era muy placentera. Momentos así te hacen tener la ilusión de creer que entiendes lo que pasa en la naturaleza y que no eres un mero observador sino que, indisolublemente, formas parte de ella».

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Publicado en Diario SUR.

Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.

Málaga 23 de septiembre de 2020.

 

Gran exposición en el Museo Nacional de Ciencias Naturales

Título:
'Pájaros en la cabeza'.
Fechas:
Se inauguró el pasado 15 de septiembre y estará abierta hasta el 29 de noviembre.
Contenido:
Se trata de 100 obras del artista que ocupan dos plantas del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Grandes acuarelas a tamaño natural de muchas de nuestras aves ibéricas, apuntes de campo e ilustraciones científicas.
Especies:
Águila real, cernícalo vulgar, alimoche común, ardilla roja, arrendajo, zorro rojo, alcaudón real, avutarda, halcón peregrino, cárabo común, búho campestre, carbonero común, buitre negro, muflón común, urraca, abubilla, alimoche, martín pescador, frailecillo atlántico, petirrojo... (https://idiezcortaberria.wixsite.com/misitio ).
Notas biográficas del autor:
Nace en Madrid en 1965. Licenciado en Veterinaria por la Universidad Complutense de Madrid, cursa estudios de dibujo y pintura en la Fundación Araúco (donde obtiene una beca) con el pintor realista Guillermo Muñoz Vera. Desde 1985 se dedica profesionalmente a la ilustración científica, principalmente en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Ha sido profesor de esta materia en un máster en la Facultad de Bellas Artes de la Complutense.
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Abubilla. Acuarela (38x25 centímetros).

domingo, 20 de septiembre de 2020

Querrido y despreciado Benedetti

 

Querido y despreciado Benedetti

Benedetti, durante una entrevista en 2005. /
Benedetti, durante una entrevista en 2005.

Sus lectores se cuentan por millones, pero el autor uruguayo arrastró hasta su muerte la etiqueta elitista de escritor menor. Nunca le importó; su mirada huyó de los adornos para reparar en la gente corriente, un ejemplo de sencillez que le valió el cariño del público

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Comenzó a trabajar a los catorce años para ayudar a su familia. Pasó por una empresa de repuestos para coches y una inmobiliaria. Fue recadero, taquígrafo y funcionario. Tuvo que pagarse la publicación de sus primeros libros y a menudo necesitó la ayuda de colegas y familiares para llegar a fin de mes. Por eso Mario Benedetti nunca despegó los pies del suelo, aunque sus lectores acabaran contándose por millones, aunque sus poemas fuesen recitados y cantados por todo el mundo. El poeta uruguayo, uno de los autores más populares de la literatura universal, arrastró hasta su muerte la consideración de escritor menor pese a su tirón de masas, la ingratitud de quienes accedieron a la poesía a través de su obra y luego renegaron de él, cegados por descubrimientos más hondos, tal vez menos honestos. Porque en Benedetti apenas hay adornos; sus poemas son sencillos y directos, libres en la forma y sinceros en el fondo. Nunca le interesó la grandeza. Su mirada reparaba casi siempre en la heroicidad más rutinaria, en los trabajadores que pasan el año ahorrando para irse de vacaciones, en los perdedores, en la gente decente.

Empezó pronto a escribir, pero no conoció cierto éxito hasta 'Poemas de la oficina', editado en 1956, cuando tenía 36 años. El público se identificó con sus composiciones de amor («Es una lástima que no estés conmigo / cuando miro el reloj y son las cuatro / y acabo la planilla y pienso diez minutos / y estiro las piernas como todas las tardes») pero también con los poemas, infrecuentes en aquella época, sobre la ansiedad laboral («Es raro que uno tenga tiempo de verse triste: / siempre suena una orden, un teléfono, un timbre») y las desigualdades («Jefe, / usted está aburrido, / aburrido de veras»). El golpe de Estado que impuso una dictadura militar en Uruguay en 1973 quebró la biografía de Benedetti, que ya había participado en movimientos políticos de izquierdas. Dejó su cargo en la Universidad de la República, donde dirigía el departamento de literatura hispana en la Facultad de Humanidades, y huyó de Montevideo. No regresó a su país hasta 1985, cuando se disolvió el régimen.

Abrazó la revolución liderada por Fidel Castro en Cuba, donde permaneció varios años durante su exilio. A diferencia de algunos compañeros de generación, que terminaron criticando su deriva autoritaria, Benedetti siempre mantuvo su apoyo al régimen, defensa que apenas le pasó factura. Todos querían a Mario, aunque estuvieran en sus antípodas ideológicas. Tras su paso por la isla caribeña, recaló en Perú, donde fue detenido y amnistiado, antes de instalarse de forma definitiva en España, primero en Mallorca y después en Madrid. Fueron más de diez años alejado de Luz López, con quien se había casado en 1946. Todos sus libros están dedicados a ella. «A Luz, una vez más», brinda en 'La vida, ese paréntesis'. «A Luz, como siempre», hace en 'El olvido está lleno de memoria'. Este último título esconde un doloroso guiño al alzheimer, enfermedad que sufrió su mujer durante años hasta su fallecimiento en 2006. Benedetti, ya viudo, agarrado al convencimiento de que la muerte es «un síntoma de que hubo vida», escribió algunos de sus poemas más tristes en 'Testigo de uno mismo': «Acontece la noche y estoy solo / cargo conmigo mismo a duras penas / al buen amor se lo llevó la muerte / y no sé para quién seguir viviendo».

Novelas y cine

Por entonces sus poemas ya eran cantados por decenas de intérpretes, desde Pablo Milanés hasta Nacha Guevara, desde Serrat hasta Sabina. Su temprana novela 'La tregua', la historia de un oficinista viudo que se enamora de una mujer a la que dobla la edad, fue llevada al cine protagonizada por Héctor Alterno. El resultado estuvo nominado a los Oscar en categoría de mejor película de habla no inglesa. Benedetti, de cuyo nacimiento se cumple un siglo esta semana, murió en 2009 aquejado de una enfermedad pulmonar crónica. Tenía 88 años.

Sus versos siguen vivos más de una década después de su muerte, estampados en camisetas, difundidos y a menudo decontextualizados en Instagram, reeditados en libros que no paran de venderse. Porque Benedetti, aquel niño que tuvo que dejar los estudios, popularizó la poesía hasta niveles extraordinarios. Ha sido la puerta de millones de lectores a un género minoritario, siempre en riesgo. Y esa cuenta, aunque su obra soporte peor el paso del tiempo que la de otros autores más brillantes, tal vez menos humildes, quedará pendiente por mucho tiempo.

 MARIO BENEDETTI

DEFENDER LA ALEGRÍA

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardíacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

NO TE SALVES

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas

entonces
no te quedes conmigo.

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Publicado en Diario SUR.

Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.

Málaga 20 de septiembre de 2020.

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martes, 15 de septiembre de 2020

La ortografía con humor entra

 

La ortografía con humor entra

La ortografía con humor entra
DON PARDINO

«Cada vez leemos menos, tanto en papel como en cualquier otro medio, y esto hace que cometamos más faltas y que tengamos menos riqueza léxica»

Elena Martín López
ELENA MARTÍN LÓPEZMadrid

«Sin la ortografía no se puede comprender bien lo que se escribe ni se puede percibir con la claridad conveniente lo que se quiere dar a entender». Pilar Fernández, doctora en Filología Hispánica, catedrática y profesora de Lengua de la Universidad CEU San Pablo, rescata esta frase del prólogo del Diccionario de Autoridades (1726 - 1739) de la Real Academia Española (RAE) al contestar a la pregunta de por qué es tan importante escribir bien. Una frase que, a pesar de redactarse en el siglo XVIII, sigue gozando de gran actualidad.

«En los últimos años, parece que a la ortografía se le da menos importancia porque ya están ahí las máquinas para corregirnos y evitar que fallemos, pero la buena escritura es una carta de presentación de uno mismo y, aunque pensemos que la técnica puede suplir al conocimiento, no es así», destaca Fernández. Un ejemplo clásico es el que ocurre con los términos 'más' y 'mas', cuyo sentido el ordenador no distingue y los acepta como válidos indistintamente. Por ejemplo, si escribe en una página de texto las frases 'Hoy soy más feliz' y 'Hoy soy mas feliz', en la pantalla no le aparecerá ningún signo de que una de las dos es incorrecta. ¿Cuál? La segunda. Haga la prueba y lo comprobará.

Otro aspecto que muestra que los fallos ortográficos no tienden a pasar desapercibidos es que, especialmente en los ámbitos periodístico, político y académico, se llama muchísimo la atención sobre aquel que comete errores de este tipo. Son los profesionales más afectados porque su herramienta de trabajo es, precisamente, la Lengua, pero también por eso tienen una responsabilidad añadida de transmitirla correctamente a la población.

«El uso de anglicismos y palabras comodín supone un empobrecimiento del lenguaje»PILAR FERNÁNDEZ

Como profesora de lengua, Fernández está más que acostumbrada a los gazapos de sus alumnos que, confiesa, «tienen un nivel de ortografía desconsolador en general». «Me consta que en los colegios se trabajan mucho las reglas ortográficas y no creo que el problema venga únicamente de la tecnología, que también aporta cosas muy positivas, como leer libros electrónicos perfectamente escritos», añade. La filóloga considera que tiene más que ver con los hábitos de lectura. «Cada vez leemos menos, tanto en papel como en cualquier otro medio y esto hace que cometamos más faltas, pero también que tengamos menos riqueza léxica», expresa. «Aprender la ortografía de un idioma no radica únicamente en memorizar unas normas, hay que verlas aplicadas y ponerlas en práctica».

A lo que sí ha contribuido la tecnología es a volvernos más vagos escribiendo. Así, en las redes sociales las abreviaturas abundan y los signos de puntuación, como las aperturas de interrogación o exclamación, los acentos y las comas, brillan por su ausencia. También es cada vez más común el uso de anglicismos y palabras comodín –aquellas que se emplean con multitud de sentidos, reemplazando a otras que serían más precisas en determinados contextos–. Todo ello lleva a un cierto empobrecimiento del lenguaje, pero Fernández no lo asocia a las máquinas en sí mismas, sino a las modas. «En internet el hablante se adapta al medio pero, si se conocen las normas, eso no tiene por qué influir en la redacción de un texto escrito», declara.

Humor ortográfico

Lo más curioso de todo es que ha sido precisamente en internet donde un profesor que enseña ortografía se ha vuelto viral, don Pardino. Este señor, entrado en años, que ha llenado la red de viñetas ortográficas humorísticas tiene como objetivo despertar nuestro interés por la buena escritura, y parece que lo está consiguiendo.

La acogida que le han mostrado los internautas ha sido tan buena que sus creadores, un maestro (y dibujante) y un médico que prefieren no desvelar su identidad, acaban de publicar el cómic 'El profesor don Pardino contra los titis' (Plan B), en el que el personaje lucha contra unos seres malvados que se dedican a propagar errores ortográficos y gramaticales (los titis).

La pregunta es, ¿cómo se explica su éxito si la ortografía suele causar más pereza que entretenimiento? «Don Pardino ha contribuido a hacer la ortografía amena a través de dos medios: las imágenes, porque los dibujos captan la atención y son más fáciles de recordar que las palabras; y el humor. El lema de Don Pardino es 'la letra con humor entra' y parece que la gente al leer un chiste asociado a una regla ortográfica lo recibe con más ganas», explica el maestro y creador de las viñetas.

Parece que sí, porque son muchos los profesores, traductores y correctores que se han puesto en contacto con ellos agradeciéndoles su labor. «Es verdad que la tecnología se lo pone difícil a la ortografía, pero eso no implica que la gente no se interese por ella», dice el autor.

Tanto él como Fernández coinciden en que lo más importante para escribir bien es leer, escribir, dudar siempre y consultar las fuentes (Fundéu, RAE...). «Dudar es muy sano. Es el primer paso para no equivocarse», concluyen.

5 errores frecuentes

Mayúsculas sin tilde
Según las reglas de acentuación, las mayúsculas deben tildarse siempre que les corresponda.
Quesuismo
Ocurre al emplear la secuencia «que su» en lugar del relativo «cuyo». Como en la frase: «Es una persona que su único tema de conversación es ella misma».
Vocativos sin coma
Los vocativos se emplean para dirigirse a un interlocutor de manera explícita y deben ir aislados entre comas. Por ejemplo, en lugar de ¡Hola Juan!, lo correcto es poner ¡Hola, Juan!
Los meses en mayúscula
Salvo que la mayúscula venga exigida por la puntuación (al comienzo del texto o después de punto), los nombres de los días de la semana, de los meses y de las estaciones del año se escriben con minúscula inicial. «Hoy es lunes» y no «Hoy es Lunes».
O con tilde
La conjunción 'o' nunca lleva tilde, ni siquiera entre cifras. «Hay 10 ó 20 niños», es incorrecto. Lo correcto sería: «Hay 10 o 20 niños».
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Publicado en Diario SUR.
Copiado/pegado de Internet por Victoriano Orts Cobos.
Málaga 13 de septiembre de 2020.
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