martes, 7 de junio de 2011

D. PEDRO EL CURA

LA VICTORIA XX.

Al  bueno de D. José le sustituyó D. Pedro. Venia una o más veces a la semana desde San Sebastián de los Ballesteros a La Victoria. Su medio de locomoción era una bicicleta

Siempre me chocó su indumentaria: Su sotana, negra, por supuesto, y su inseparable escopeta colgada en bandolera. ¡Qué contrasentido! ¡Un cura armado! ¿Cómo se digería aquella militarizada visión por un niño que creía que los representantes de Cristo en la tierra eran seres de amor y de paz como Él, al que jamás se le hubiese ocurrido matar ni a una mosca? Mosca comenzaba a estar yo con respecto a estos pastores teóricos de paz y de pureza.

Al cabo de algún tiempo D. Pedro fijó su residencia en La Victoria, y por lo tanto, lo veía con más frecuencia. Tenía un carácter muy severo. Te miraba a los ojos como acusándote de algún pecado que hubieses podido cometer. En la iglesia era inflexible. Estaba diciendo misa (en aquel   tiempo en latín, para que nos enterásemos menos del significado de la misma) de espaldas al público y si oía algún ruido, dejaba de oficiar, se volvía hacia nosotros muy serio y, como un mimo, permanecía impávido hasta que el silencio era total.
Si el silencio tardaba en llegar, amonestaba airado a quién consideraba que era el culpable del incidente, aunque éste fuese un niño pequeño.

Lo cierto era, y que me perdone el reverendo, a mí no me caía nada bien aquel cura armado de escopeta.

¿Qué concepto tendría de él su colega el patrón de los animales San Francisco de Asís?

Victoriano Orts Cobos.


(Re)visado el día 20 de marzo de 2016


No hay comentarios: